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Mi papá – El club de los chéveres

Este hombre me enseñó que aunque estemos rodeados de una familia que nos ame y estemos cómodos en una bella ciudad segura, no significaba que estemos en casa, al menos no en una permanente.
A mis 15 años, dejamos Cuenca, la única ciudad que habíamos conocido como nuestra, para “hacer discípulos” en Manta de una cultura diferente, con temporadas y costumbres ajenas a las nuestras. Creo que cuando nos mudamos entendí  la verdad de que somos extranjeros en la Tierra. Cuando preguntaba, “¿entonces de dónde somos?”, mis padres respondían, “somos ciudadanos del cielo, cariño. Nosotros somos eternos”.

María Cristina – El Club de los Chéveres

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La primera vez que vi a María Cristina estaba sentada en una silla plástica de niños frente a mí en la iglesia Verbo Manta. Ambas teníamos sobre nuestras piernas a dos niñas que lloraban. Era domingo, yo estaba de visita por el feriado de noviembre. En un momento, por coincidencia, las dos bebés se encontraron y comenzaron a pelearse por un juguete. Eso parecía ser lo único que podía distraerles lo suficiente como para que dejaran de llorar. En ese momento, ambas cruzamos miradas y nos reímos en complicidad. Así fue como la conocí.

Un mes después cuando regresé, María Cristina me sorprendió mientras salía al patio con un vaso de chocolate navideño una vez finalizada la reunión dominical. La saludé como a una vieja amiga. Pero cuando avanzamos en la conversación, me di cuenta que teníamos mucho de qué hablar, porque no sabía nada de ella, de dónde era, qué hacía, qué tiempo venía a la iglesia, ni que le gustaba.

Teníamos en común, que ambas vivimos solas, pero no realmente, dijo ella. Sus sobrinos entran y salen durante todo el día de su departamento, porque sus hermanas son vecinas. Así que siempre está con alguien, me explicó. «¿Y qué haces en el día?», le pregunté. «Tengo una tienda de productos naturales. Bueno, estaba en Tarqui…» En ese momento debí de haber puesto cara de sorpresa porque enseguida trató de calmarme, «pero ahora estamos reubicados…». La conversación tomó una dirección que no esperaba. Recordé que casi todos en esta ciudad han sido afectados de una u otra forma por el terremoto y las historias aún estaban frescas.

«¿Cómo te afectó el terremoto?» le pregunté preparada.

«Mi tienda estaba en una de las esquinas en pleno Tarqui. Yo no estaba allí cuando pasó. Pero al día siguiente, cuando fui a ver el lugar ¡no había nada roto! ¡Ni un vidrio!».

Yo empecé a reír. «¿De verdad? -dije en incredulidad- ¿Ni un vidrio, una vitrina, nada?» le pregunté.

«Nada. Pude sacar absolutamente todo en buen estado. Las cosas estaban movidas de un lado a otro, totalmente desordenadas, incluso las vitrinas estaban movidas como si alguien hubiera sacudido el lugar, pero nada estaba ni trisado -me dijo- yo digo a mi familia que realmente Dios cuidó de mí, porque él sabe que lo necesitaba. Yo creo que fue obra de Él», terminó.

Al escucharle decir eso, se me movió el corazón. Para mí, no había duda de que así era. Un negocio ubicado en lo que hoy se conoce como Zona 0 y donde no se puede entrar sin resguardo policial, no tenía esperanzas de mantenerse en pie. Los edificios alrededor de la tienda de Ana Cristina serán demolidos. Las pérdidas fueron grandes. Incluso en la casa de mis padres, los cuadros de las paredes se cayeron y los vidrios se rompieron. ¡Y ellos están a 10 minutos de Tarqui en carro! ¿Cómo es posible, que una tienda llena de vitrinas y productos en el centro de Tarqui no haya sido afectado en nada? De cualquier forma que lo pensara, yo también veía la mano de Dios en la vida de Ana Cristina. ¡Qué gusto encontrar esta historia! Cuando nos preparábamos para encontrar destrucción o dolor, encontramos a un Dios grande cuidándonos, quien le da importancia a lo que a nosotros nos importa. Un Dios que cuida lo que nosotros no podemos controlar.

María Cristina asiste por algunos años a Verbo Manta. Ella ayuda con los niños en escuela dominical, en especial con los bebés. Por lo que me consta, es paciente y no le falta una sonrisa cuando las cosas se complican. Ella puede ver más allá de lo visible porque cree en un Dios invencible. Eso hace a su corazón agradecido en medio de las circunstancias. Si, ella conoce al Ser más chévere que existe y eso la hace parte del club.

 

“Escribe” en el 2016

A lo largo de este año (2016) y de este cuaderno, aprendí a mirar con expectativa las páginas en blanco que quedaban por ser llenadas. Siempre que escribo, es sobre cosas que no quiero olvidar. Por más de diez años, Dios no ha dejado de darme sobre qué escribir. (Tengo los cuadernos para comprobarlo.) Siempre hace algo loco o especial que me llena, me cambia y me maravilla.

A lo largo del 2016, sueños comenzaron a cumplirse cuando menos lo esperaba. Uno tras otro. Las hojas en blanco seguían disminuyendo con los días y mi Dios no me dejaba, ni se cansaba de dar a borbotones. Gracias a que este cuaderno me gritaba «Escribe» desde el velador o mientras estaba tirado en la cama, guardé cada uno de ellos. Hubo un punto en el que dejé de creer que los sueños pararían de cumplirse y las páginas en blanco se quedarían así: blancas; y empecé a creer que solo cosas mejores y más grandes vendrían a llenarlas.

Así que tengo un poco de nostalgia terminarlo, pero hoy cierro este cuaderno mientras abro un sueño. Uno de los sueños pequeños e insignificantes (pero tan míos) era tener un cuaderno Moleskine. Mientras me paseaba por la parte sureste de Manhattan, su letrero me llamó desde adentro de la Estación Fulton. Quise el último modelo, pero el vendedor de la tienda me mostró el clásico y me dijo: «si llenas este, puedes comprarte el último modelo». Yo me reí, como diciéndole, «no me conoces, vengo llenando cuadernos desde que ni me acuerdo». Pero le hice caso. Salí de allí con un sueño cumplido.

Comienzo entonces a escribir en un sueño de páginas en blanco. Un sueño con espacio para crear algo nuevo y, a la vez, ser algo que siempre he sido. Un sueño ya lleno de entusiasmo por la fe que la incertidumbre requiere. Un sueño que tiene mis expectativas por la tinta que correrá entre sus líneas mucho más altas que antes. Porque de seguro contendrá algo como todo lo vivido hasta hoy: días que Dios tenía en reserva, desde el principio de los tiempos, en su corazón.

El Club de los Chéveres: Roberto y Karina

roberto-y-karinaCuando escuché que Roberto y Karina había decidido ir como misioneros a Italia, me enojé. Porque las dos personas que ven allí sentadas son unas de las personas que más admiro y por las que más orgullo he tenido los últimos 3-4 años. Cada vez que escucho a Roberto explicar una parte de la Biblia, quiero besar su cráneo. No es broma. Es en serio. Hay algo que amo en la mente de ese man que explica de una manera muy clara y práctica verdades que por mucho tiempo han sido abstractas o que han perdido su significado por tanta repetición en ambientes cristianos.

Por mucho tiempo anhelaba encontrar algo fresco en la iglesia, en mi iglesia local. Estaba cansada que sean solo otros los que tenían formas nuevas y relevantes de hacer iglesia. Quería algo nuestro,. Creía que personas entre nosotros podían hacerlo. Pero siempre encontraba a los mismos hombres increíbles de mi iglesia sintiéndose menos o simplemente admirando con la boca abierta a otro suco enseñar la palabra. Roberto fue una respuesta a ese anhelo. Por primera vez, lo que pensé que era imposible, era de carne y hueso. Teníamos a alguien super pilas y lleno del temor de Dios hablando revelaciones poderosas, y que además utilizaba nuestras memorias y hablaba nuestro idioma. Por fin, un hombre sin miedo y al frente. Un hombre valiente como para trabajar medio tiempo en la iglesia y mucho más arreglar o renovar algunas cositas que se necesitaban. Creo que fue un hombre que nos enseño cómo traer la nueva generación a nuestra iglesia bajo la honra a nuestros padres y bajo el consejo de muchos.

Quería que quien era él se reproduzca aquí a mi alrededor. Estaba orgullosa de tener semejante ejemplo entre los nuestros para referir a cualquier persona como modelo a seguir. Sentía un orgullo de lo propio que triunfa y es exitoso en lo laboral y en lo espiritual. Quería aprender de su sabiduría y copiar las formas de pensar y explicar las cosas. Pero ahora está claro que lo tomaba por sentado. Pensaba que iban a estar alrededor hasta cuando me case y tenga hijos. Creía ingenuamente que iba a poder recurrir a su gran almacén de consejos en cada una de estas etapas. Así que cuando escuché que habían tomado la decisión de irse (¡tan pronto!), me enojé. No con ellos, sino con Dios. Sabía que ellos estaban siguiendo la voz de Dios. Así que sabía que la fuente real de dirección era Dios y a Él debía reclamarle. Pero no cambiaron las cosas. Los Capaldi se van de todas formas y extrañaré la enseñanza que me deja sin palabras y que solo me hace querer pararme a aplaudir y a a final termino agradeciendo a Dios por su vida. Sé que no voy a tener a Karina aquí para que me guíe cuando tenga una conversación seria sobre relaciones amorosas, ni para su perspectiva en el próximo Book Club.

Sin embargo, sus historias nos pertenecen. Son historias que no dejaremos de contar a los que vengan y a los que lleguen. Serán nombres que presentaremos aunque estén en la distancia y sean por un tiempo sola idea. Roberto dijo que muchas veces estar y hacer la voluntad de Dios no se ve como el éxito humano. Aunque es duro, es verdad. Tenemos algunos ejemplos en la Biblia de vidas miserables humanamente pero muy exitosas para Dios. Pues bien, creo que si no son exitosas en lo humano, lo serán en la eternidad. En el gran día, cuando podamos ver todas las cosas como verdaderamente son, veremos que las historias mínimas, las pequeñas e incluso las miserables, eran las verdaderamente grandes, las que agradan a Dios. No he tenido tanto miedo de seguir esta pauta como lo tengo ahora que soy adulta. Ver que una familia joven y con un éxito humano aparente, renuncie a ello por hacer la voluntad de Dios, me reta y me recuerda que vivo para hacer lo mismo, sea cual sea mi historia, mi lugar.

Creo que no hay nadie como un misionero que cree en la iglesia  potencial. A veces no se ve nada, pero se cree que puede haber mucho. Ellos confían que habrá mucho porque Dios se los ha dicho. No puedo decirles que se queden, al menos no en serio, porque sé que les lleva un amor más grande. Un amor que no se puede negar porque es un amor que salva. Porque crecí gracias a y debajo de un amor así. Un amor gringo que amó a mis padres aun antes de conocerles. Un amor cuencano que dieron mis padres por manabas que se convirtieron en hermanos míos. Y que me dieron “sobrinos”, otros hermanos y un montón de familia. Tengo una ciudad clavada en el corazón por ese amor que ama potencialmente, que ama por los que pueden existir, a los que pueden llegar a creer. Ese es un amor que multiplica, pero que se sacrifica antes. Este es el tipo de escuela que recibimos de nuestros padres. De verdad, nuestra iglesia es misionera.

Ahora queda una expectativa más grande por el futuro, porque he llegado a experimentar historias que nunca pensé que pasarían, que nunca imaginé. Historias que solo Dios puede crearlas. Y no puedo imaginar lo que nos aguarda. ¿Qué tan más grandes son?

El club de los chéveres

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Yo era un gran monstruo de la perfección. Tal vez, la gente no se dio cuenta, pero yo era una gran juez. Todo lo que no me gustaba o me parecía mal mientras crecía, era una gran bandera roja. Pensaba mucho sobre cuál era la forma correcta de hacer las cosas. Recuerdo que me preguntaba cuáles eran las maneras para obtener lo perfecto. Me gustaba leer los manuales, los mapas, las voces de los expertos. Siempre había una forma correcta de sentarse y comer. La forma correcta de cocinar, y de tener amigos. ¿Por qué la gente simplemente no lo hace? Preguntaba con disgusto. Así que planeé la manera perfecta de hacer las cosas y vivir la vida perfecta para cuando llegara mi tiempo. Obviamente, cuando llegó, ya te imaginarás, me di cuenta que era más difícil de lo que parecía. Si las cosas a mi alrededor no cambiaban haciendo mis planes imposibles, yo fallaba convirtiéndome en lo imperfecto de mi plan. Muchas veces no encontraba la motivación para hacer todas las cosas bien y cumplir con las reglas. Y cuando las emociones estaban en la mesa, me era más difícil ganarles. También encontré que mi forma correcta de hacer las cosas no era usualmente la mejor o la más adecuada. Me encontré en lugares que no quería estar o me sentía horrible después de algún plan “perfecto”. Eso fue frustrante. Lo que más había tratado de evitar estaba a mí alrededor. Estaba lejos de ser perfecta y parecía inalcanzable.

Pero había algo que se demostró ser inmutable a través de los años, los errores y los cambios: Dios. Todo lo que Él una vez me había dicho a través de la Biblia resultó ser cierto. Las palabras de Jesús eran las más fijas en mi vida después de probarlas. Por lo tanto, les di toda mi confianza. El tipo de confianza que la gente joven e inocente dan cuando está emocionada. Gracias a Dios fue a Él a quien confié porque no me decepcionó a largo plazo.

Desde entonces, estoy cada vez más convencida de que Jesús es la forma correcta de vivir la vida. Realmente creo que si vivimos como Él planeó hacerlo, seríamos las personas más chéveres* de la tierra. ¿Y sabes cómo vive, ama y trabaja la gente chévere? Ellos son chéveres todo el tiempo. Y no estoy hablando de una manera tonta de “ser chévere”. Estoy hablando de ese tipo de personas que cuando las conoces, pueden no parecer grandes, pero una vez que llegas a saber quiénes son y cómo viven, acaban por hacerte sentir cómodo e inspirado. En el fondo, quieres algo de lo que tienen, sin envidia, pero en realidad te parece que hay grandeza dentro de ti también. Para mí, la gente chévere impacta en sus familias, sus profesiones, el autobús en el que están, o las tiendas que visitan para mejor. Los más chéveres afectan a grupos humanos, a países incluso; pero los cheverísimos cambian vidas. En pocas palabras, la gente chévere mejora el mundo.

No soy ingenua en que mucha gente chévere no puede mantener el puesto por mucho tiempo. Sí, la gente defrauda. Pero descubrí que la gente chévere no se va cuando se decepciona. Eso fue más de lo que esperaba. Así que me pregunto acerca de las vida cotidiana que llevan y cómo se enfrentan a los problemas. Quiero ser uno de ellos y tengo curiosidad por saber cómo reaccionan a los golpes y a los éxitos. También estoy muy interesada en cómo los chéveres son restituidos cuando fallan. Jesús hizo lo chévere posible sólo porque permite el fracaso y el perdón en su plan. Ay, tengo mucho que aprender de Él. Necesitamos el uno del otro y estoy dispuesta y apasionada por compartir lo que aprendo y lo que he visto hasta ahora. También estoy dispuesto a traducir lo que acostumbramos ver como religión. Usualmente son palabras repetidas en una iglesia o por medio de personas bien intencionadas, y son palabras que han perdido el sentido y su profundo significado. Pero en realidad son bastante chéveres. Hay una gran cantidad de chéveres que camina sobre la tierra hoy y que no me creerías quienes son. En realidad, creo que todos nacimos para ser chéveres. Amo descubrir cómo lo consigues tú. Esta es mi historia.

 

*chévere

  1. adj. Ant., Bol., Col., El Salv., Hond., Pan., Perú y Ven. Estupendo, buenísimo,excelente. (RAE)

 

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I was a big perfection freak.

People wouldn’t had notice it but I was a big judge. Everything I disliked or seemed wrong while I was growing up, was a big red flag for me. I was always into what was the right way to do things. I remember wondering about the ways things could be done in order to make it right and perfect. I would read the manuals, the maps, the expert voices. There was always a right way to sit and to eat. The right way to cook, and to have friends over. Why people just don’t do it? I would ask in anger. So, I planned my perfect way of doing things and the way to a perfect life. Obviously, when my time came, yap, you’re right, I found out it was harder than it seemed. If things around me didn’t change, making my plans impossible, I was the one that failed. No motivation was in me to fulfill everything at perfection. And when the emotions were in the table, I wasn´t moved for the plan. I also found that my right way to do things weren’t the best or the right ones. I found myself in places I didn’t wanted to be or feeling horrible after some “perfect” plan. That was frustrating. What I tried to avoid the most was all around me. I was far from perfect and it seemed unattainable.

But there was something that proved itself unchangeable through the years and the changes: God. Everything He had once told me through the Bible proved itself to be true. Jesus words were the most truer one in my life. So, I gave them my full trust. The  kind of trust that young and innocent folks give when excited. Thanks God it was to Him I trusted because I wasn’t disappointed at the long run.

Since then, I´ve been more and more convinced that Jesus is the way, the right way to live life. I truly believe that if we do life as He planned us to do it, we would be the coolest persons on earth. And do you know how cool people live? And how cool people love? And how cool people work? They are cool everywhere! And I´m not talking in a silly way of coolness. I´m talking about that kind of persons that when you meet, they may not have a great life apparently but once you get to know who they are and how they do life, they just make you feel comfortable and inspired. Deep down you want some of what they have, with no envy, but actually you think there is greatness inside of you too. For me, cool people impact their families, their professions, the bus they’re riding, or the shops they visit for better. The coolest people impact organizations, human groups, countries; but the extremely cool ones change lives one at a time for better. In short words, the coolest people improve the world.

Many people fail to keep the cool place in our lives. Yes, people disappoint. But the cool people don’t walk away when dissapointed. And that was even bigger than what I expected. I wonder about their daily lives and how they deal with life issues; I want to be one of them and I’m curious about how they react to life punches and life successes. I´m also very interested in how cool people is set back right when they fail. Jesus made cool possible only because He allows failure and forgiveness in his plan. Oh I have so much to learn from Him. We need of each other and I´m willing and passionate to share what I learn and what I´ve seen so far. Also I´m willing to translate what we usually see just as religion or long repeated words in a church or through well intended people that had lost all sense and its deep meaning. But they’re actually pretty cool. There are a lot of the coolest people walking on earth today and you wouldn’t think who they are. Actually, I think we are all supposed to be cool. And I love to discover how you do it. Here is mine story.

Square One, Again?

The Last Samurai movie was on. The moment when Tom Cruise receives his new clothes inside the village of the japanese was being played. The girl watching in the living room said out loud:«I don’t like it» stood up and left the room as if someone had heard her.

The girl related to the feeling portrayed in that scene. The fact to be kids again, to be learners when you are old. Just as the last samurai did. He was in a unknown land and everything was new, nothing made sense. He had to learn all over again everything. The girl infront understood. That’s what she didn’t like.

She had always been in the right place. She had always belonged to the right place, and knew all the rules. She knew from the beginning how things had to be done and what things needed to be followed. But soon she found out that life wasn’t a prescription. That principles couldn’t be memorized and done. Life wasn’t a mold of bread. She couldn’t just make it turn out right. Life came in different shapes and aspects and if you haven’t understand the principles behind life, it was useless to try. She didn’t know how to live a true life. Rules were just a piece of paper then.

Unfourtunately, this lesson came when she was old enough. And to be a relearner again was hard. There was a sense of shame. She that always had been in front, giving the lessons, guiding new ones in the right track, clearifyng thoughts and concepts, was being taught over. Felt a little denagrating. So she did know it felt to be the one that doesn’t know how nose is called. To be in that process is risky, is shameful or that is how she felt. Because we need correction, we need guidelines, we are in the spot of need, in the vulnerability. And how we hate to be vulnerable. In this world that teaches you that life is hard, that at the end you are alone, and that you need to watch for yourself bacuase no one else will.

Sueños

Dic 15

No sé si este es un buen día para escribir, tengo un montón de nostalgias atrapadas en la garganta y un cuarto vacío para darle vueltas a las memorias. Y así quiero escribir. Hace un par de días comencé a escribir sobre los sueños que llegamos a tener. Mi objetivo era escribir sobre como llegar a saber nuestro llamado de Dios y lo mío comenzaba con los sueños que alguna vez tuve.

Comenzaban en mi habitación chiquita en Manta, del primer departamento que nos cuidó. Que no cuidó porque fue nuestro refugio, nuestro escondite, nuestro campo de guerra, nuestro trabajo pero siempre estuvimos a salvo ahí dentro. Yo todavía amo cada recuerdo allí. Ni siquiera quiero volver a entrar porque no quiero romperlos. No quiero que el encanto del lugar se rompa tal como lo recuerdo. Era un departamento iluminado con luces cálidas, las amarillitas, las que te hacen sentir caliente y en casa, tan acogedoras en la noche que te dan calma, hace tiempos que sé porque las llaman así. Además una de las paredes de fondo de la sala y comedor del departamento era de un color palo de rosa profundo, que añadía mucho al sentir de hermosura y unión que tenía aquel lugar. Era cuando todas las luces se apagaban y las luces frías de la calle iluminaban a medias a través de las ventanas que hablaba con Dios en mi cuarto. Era en esos momentos que mis padres nos creían dormidas y que el día se había completado. Pero estaban equivocados. Las cosas más importantes que me sucedieron fueron en esas horas antes de dormir. Siempre. Como ahora, casi media noche y tengo más de 7 años por ordenar en mi cabeza.

Esa noche, (que si reviso mis diarios seguro encuentro la fecha), lloraba, mucho y en silencio (para que me sigan creyendo dormida). Estaba orando. Estaba pidiendo y entregando algo a Dios esa noche. Pedía ser parte de su “grupo especial” como le llamaba yo, y para obtenerlo, debía entregar mis propios planes que no incluían su grupo especial. Era una oración contradictoria, pedía algo que quería y entregaba de igual manera otra cosa que también quería. Sin embargo, tomaba la que valía más para mi.

Hasta aquí pude llegar el otro día mientras escribía. De repente me perdí y no sabía cual era mi sueño ahora. Seguía siendo el mismo pero no podía ver la forma que tenía el sueño en mi vida presente. Me perdí en el escrito, pero era porque me había perdido en reconocer mi sueño. En una forma de darme por vencida y finalizar con mi vergüenza solitaria, escribí la siguiente línea estúpida y honesta: «Hoy no recuerdo el sueño, estoy desanimada, quiero ver una película triste y dormir». ¿Qué tipo de entrada de una cristiana que rete y que anime, termina así? Me reproché a mi misma y cerré la computadora. Era obvio, no lo pondría en la web. Una entrada más incompleta e insuficiente en los drafts y nada nuevo publicado. ¡¿Hasta cuándo?!

Pero hoy , sucedió algo curioso. Una parte del grupo de jóvenes de la iglesia nos encontrábamos preparando la Reunión Conjunta de Internaciones II. Me había cansando alistando la cancha en dónde jugaríamos más tarde, así que fui a la cocina por un vaso de agua. Allí, Belén Pérez, Majo Serrano, Joshua Miranda y Renato Miranda papá, se encontraban conversando y discutiendo sobre algo que no entendí. Como toda discusión, me pareció interesante e indagué sobre qué se trataba. María José, muy amablemente me explicó que habían asistido a una capacitación de jóvenes dada por la Confraternidad de Iglesias de Cuenca y discutían sus puntos de vista sobre ciertas discrepancias que tenían al respecto. Renato, para parar la corriente negativa que crecía, dijo:

«Bueno, debemos rescatar de allí lo bueno y lo que sí queremos. Esa revista por ejemplo es buenasa y debemos hacerlo».

Ese tema era totalmente nuevo para mi, y como un perrito alcé las orejas con mucha más atención. Todos los demás apoyaron la moción dada por Renato muy convencidos, lo que me llamó aun más la atención. Quería ver esa revista, quería que alguien describiera algo que le había gustado porque todos parecían muy felices y satisfechos con la imagen que tenían de ella en sus mentes. De repente, Renato me miró y me dijo: «¿Te acuerdas? Vos y tu ñaña tenían esa idea de hacer una revista.» Yo creo que en ese momento le abrí los ojos más de la cuenta. En sorpresa, emoción, nostalgia e incredulidad, todo de una sola. «Siiiii» logré articular primero. Me cubrí la boca abierta con la mano.

«¿Vos sabías eso Rena?»

«Hablaron conmigo, allá abajo en…» no necesitaba terminar la oración. Con un movimiento de mi cabeza le hice entender que sabía muy bien el lugar al que se refería. Para mi era fácil recordar la edad que teníamos más o menos y unir que lugar frecuentábamos en ese entonces. Claro que Renato estaba allí. En la misma casa que funcionaba Compasión internacional, junto a la gasolinera cerca de la Don Bosco. Como una última forma de expresión típica mía, reí diciendo: «¡Te acuerdas de nuestros sueños!»

«Cuando escuché eso pensé en ustedes» dijo Renato mientras salía de la cocina llevado por la corriente de gente que todavía con la conversación original en pie. Joshua se quedó un poquito atrás y me dijo, «Es garota… hazlo ya, pero igual que L’escalier». Yo todavía no acababa de digerir los últimos 6 minutos. Me tomó mucho coraje responderle: «sí, lo voy a hacer y vos me vas a ayudar».

Ahora, lo que dijo Joshua fue duro. Él mencionó a L’escalier, una revista recién lanzada, muy bien llevada y de mucha popularidad entre adolescentes y jóvenes. Lo que no saben es que para mi significa mucho más de lo que parece. Es más, esta es la primera vez que lo comparto. Esta revista no solo está muy bien llevada, es genuina. Nunca la he leído completa, pero es lo que significa de por sí lo que me afecta. Primero es un proyecto de gente joven para jóvenes. Personas que forman parte del proyecto son estudiantes de mi carrera a las cuales conozco. Esta revista fue uno de los desánimos iniciales en mi gran despertar cristiano. Porque gente que cree en lo que hace, se apasiona, lo hace, tiene éxito, es querida e influye a los jóvenes. Mi gran pregunta todo este tiempo ha sido ¿por qué nosotros los cristianos no podemos hacer algo así? ¿Por qué yo no he podido formar algo así aún? ¿Por qué toda la iniciativa se la han robado ellos? ¿Qué nos falta? ¿¡Qué me falta?!

Y así me he sentido todo este tiempo, que me falta algo, que soy incompleta. Pero hoy, al ver que mis sueños no son nuevos, sino que ya son viejos y que aun respiran en mi; y más aún, saber que mis líderes lo comparten y desean verlo convertido en realidad y que también han guardado nuestros sueños en ellos, me inspiró. Me hizo recordar que los sueños son reales, que están en nosotros para llevarlos a cabo. Dios unió las dos cosas que quería aquella noche sobre mi cama: ser de Él y lo que yo quería. Las dos cosas van de la mano. No puedo ser sin Él.

Ahora, esto de levantarse conociéndote y seguro de quien eres, que haces, y que quieres y a quién perteneces es difícil. Yo, personalmente, estoy todavía batallando con mis contrarios, todavía me siento intimidada, pero mi voz está siendo más fuerte poco a poco. Y siempre encuentro alguien más a quien responder y vienen de todas partes, vienen de afuera, vienen de adentro, a personas que ya lo han logrado, y con los míos que vienen detrás. Hay un montón de gente a quien dar cuentas y siento que eso  no es lo importante. Que es Dios a quien debo mirar, pero eso requiere dejar ir otra vez algo que quiero. Significa volver a renunciar y no es diferente, me da miedo, una parte de mi no lo quiere hacer, otra me ruega que lo haga, quiero ser mejor que nadie, quiero marcar la diferencia, pero no lo podré hacer sin Él, no lo haré sin Él. Y esa parte, de confiarle todo a un plan que parece débil, me da miedo, requiere fe. Y me esta tomando más tiempo que antes. Pero necesito llegar a ese punto en que estoy convencida y con dolor y lágrimas se lo doy porque entiendo que es valioso, que vale la pena. Que mis sueños valen, que yo valgo como el collar que llevaba hoy puesto que mi madre lo compró sin importar el precio solo por mi, como el poema blanco que me dice que soy atesorable y deseable como un cielo estrellado inalcanzable. Y tal vez estoy escuchando todas las voces incorrectas, esperando que el resto me diga que valen mis sueños, que valgo, cuando ya se me ha dicho, si vales, si eres hermosa,  ya has sido amada.

Espíritu, recuérdame lo que ya aprendí, quiero llegar a amarte.