Cristiana rebelde

Grave constante

Después de una semana de fiestas de la facultad, el profesor de cine comenzó la primera clase con una pregunta:

« ¿Qué es un grave constante?»

“Otra vez con sus analogías musicales”, me dije con fastidio. «Galo, no somos músicos» le dije en tono de reclamo.

«Erika, deben saber de todo un poco» me respondió y volvió a preguntarlo a toda la clase. Aún así, nadie respondió. «Un grave constante», continuó el profesor con buen ánimo, «es una nota que se repite a lo largo de toda una composición musical. Todos necesitamos un grave constante. Todos»  Y continuó con el tema de narratología en el cine sin volver a mencionar a la música.

A pesar de mi indisposición a aquel comentario, no lo pude olvidar. ¿Cuál era el grave constante de mi vida? Qué tal si se le ocurre preguntármelo en frente de todos, ¿qué respondería? Si hubiera estado mi familia presente no hubiera titubeado porque la respuesta hubiera sido obvia. La respuesta correcta era, debía ser, Dios. ¿Qué más constante en la vida de una persona que no sea Dios? Muy fácil responder y dar con la palabra del millón. Lo sabía muy bien, ni siquiera tenía que pensarlo, pero lo hice.

¿Es Dios mi grave constante realmente? ¿Toco aquel tono con frecuencia con mi vida? Hay una diferencia en lo que “debería ser” y lo “que es”‘. Así que sé muy bien que Dios debe ser mi grave constante, pero si tuviera que responder honestamente a la pregunta: “¿Es Dios tu grave constante?” en este momento tendría que decir: “no”. Y bajaría la cabeza en extrema vergüenza. (‘”Si pudiéramos ver nuestros corazones directamente los unos de los otros, nos asustaríamos” dijo alguien).

En este momento, mi grave constante significa: ¿a dónde vas para ser saciado? ¿Es Dios tu prioridad para sentir amor? ¿Es Dios tu prioridad para relajarte, es Él donde buscas paz? ¿Dejas que Él te diga que vales mucho? ¿Es Dios el primero al que buscas agradar? Todas mis respuestas son: “no”. (Estoy siendo MUY honesta aquí, así que por favor, se amable con tu juicio).

¿Cómo fue que quité a Dios de ese lugar? ¿Cómo es que dejó de importarme? ¿En qué momento me distraje? Y, ¿por qué todas estas otras cosas son tan deliciosas? Es que todas  son cautivantes. Todas las cosas que remplazan a Dios pueden ser dulces y satisfactorias momentáneamente si olvidas como es ser estar lleno de Dios. Ahora entiendo porque es necesario leer la Biblia, congregarse, alabar, y orar. Si digo que no tengo una religión sino que tengo una relación con Dios, debería hablar, verme con esa otra persona. De lo contrario, sería tener una relación igual a la que tengo con mis compañeros de la escuela, a quienes no veo, no sé como están, ni quienes son realmente. No tengo ningún vinculo de mi vida con las de ellos. Ese no es el tipo de relación que quiero con mi Dios, quien es lo mejor que me ha pasado en la vida. Así que me recuerdo Marcos 12:30: “con todo el corazón”. TODO se queda sonando en mi mente. A traerlo de vuelta enterito, ¿acaso no vale la pena?

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