Vida

Sueños

Dic 15

No sé si este es un buen día para escribir, tengo un montón de nostalgias atrapadas en la garganta y un cuarto vacío para darle vueltas a las memorias. Y así quiero escribir. Hace un par de días comencé a escribir sobre los sueños que llegamos a tener. Mi objetivo era escribir sobre como llegar a saber nuestro llamado de Dios y lo mío comenzaba con los sueños que alguna vez tuve.

Comenzaban en mi habitación chiquita en Manta, del primer departamento que nos cuidó. Que no cuidó porque fue nuestro refugio, nuestro escondite, nuestro campo de guerra, nuestro trabajo pero siempre estuvimos a salvo ahí dentro. Yo todavía amo cada recuerdo allí. Ni siquiera quiero volver a entrar porque no quiero romperlos. No quiero que el encanto del lugar se rompa tal como lo recuerdo. Era un departamento iluminado con luces cálidas, las amarillitas, las que te hacen sentir caliente y en casa, tan acogedoras en la noche que te dan calma, hace tiempos que sé porque las llaman así. Además una de las paredes de fondo de la sala y comedor del departamento era de un color palo de rosa profundo, que añadía mucho al sentir de hermosura y unión que tenía aquel lugar. Era cuando todas las luces se apagaban y las luces frías de la calle iluminaban a medias a través de las ventanas que hablaba con Dios en mi cuarto. Era en esos momentos que mis padres nos creían dormidas y que el día se había completado. Pero estaban equivocados. Las cosas más importantes que me sucedieron fueron en esas horas antes de dormir. Siempre. Como ahora, casi media noche y tengo más de 7 años por ordenar en mi cabeza.

Esa noche, (que si reviso mis diarios seguro encuentro la fecha), lloraba, mucho y en silencio (para que me sigan creyendo dormida). Estaba orando. Estaba pidiendo y entregando algo a Dios esa noche. Pedía ser parte de su “grupo especial” como le llamaba yo, y para obtenerlo, debía entregar mis propios planes que no incluían su grupo especial. Era una oración contradictoria, pedía algo que quería y entregaba de igual manera otra cosa que también quería. Sin embargo, tomaba la que valía más para mi.

Hasta aquí pude llegar el otro día mientras escribía. De repente me perdí y no sabía cual era mi sueño ahora. Seguía siendo el mismo pero no podía ver la forma que tenía el sueño en mi vida presente. Me perdí en el escrito, pero era porque me había perdido en reconocer mi sueño. En una forma de darme por vencida y finalizar con mi vergüenza solitaria, escribí la siguiente línea estúpida y honesta: «Hoy no recuerdo el sueño, estoy desanimada, quiero ver una película triste y dormir». ¿Qué tipo de entrada de una cristiana que rete y que anime, termina así? Me reproché a mi misma y cerré la computadora. Era obvio, no lo pondría en la web. Una entrada más incompleta e insuficiente en los drafts y nada nuevo publicado. ¡¿Hasta cuándo?!

Pero hoy , sucedió algo curioso. Una parte del grupo de jóvenes de la iglesia nos encontrábamos preparando la Reunión Conjunta de Internaciones II. Me había cansando alistando la cancha en dónde jugaríamos más tarde, así que fui a la cocina por un vaso de agua. Allí, Belén Pérez, Majo Serrano, Joshua Miranda y Renato Miranda papá, se encontraban conversando y discutiendo sobre algo que no entendí. Como toda discusión, me pareció interesante e indagué sobre qué se trataba. María José, muy amablemente me explicó que habían asistido a una capacitación de jóvenes dada por la Confraternidad de Iglesias de Cuenca y discutían sus puntos de vista sobre ciertas discrepancias que tenían al respecto. Renato, para parar la corriente negativa que crecía, dijo:

«Bueno, debemos rescatar de allí lo bueno y lo que sí queremos. Esa revista por ejemplo es buenasa y debemos hacerlo».

Ese tema era totalmente nuevo para mi, y como un perrito alcé las orejas con mucha más atención. Todos los demás apoyaron la moción dada por Renato muy convencidos, lo que me llamó aun más la atención. Quería ver esa revista, quería que alguien describiera algo que le había gustado porque todos parecían muy felices y satisfechos con la imagen que tenían de ella en sus mentes. De repente, Renato me miró y me dijo: «¿Te acuerdas? Vos y tu ñaña tenían esa idea de hacer una revista.» Yo creo que en ese momento le abrí los ojos más de la cuenta. En sorpresa, emoción, nostalgia e incredulidad, todo de una sola. «Siiiii» logré articular primero. Me cubrí la boca abierta con la mano.

«¿Vos sabías eso Rena?»

«Hablaron conmigo, allá abajo en…» no necesitaba terminar la oración. Con un movimiento de mi cabeza le hice entender que sabía muy bien el lugar al que se refería. Para mi era fácil recordar la edad que teníamos más o menos y unir que lugar frecuentábamos en ese entonces. Claro que Renato estaba allí. En la misma casa que funcionaba Compasión internacional, junto a la gasolinera cerca de la Don Bosco. Como una última forma de expresión típica mía, reí diciendo: «¡Te acuerdas de nuestros sueños!»

«Cuando escuché eso pensé en ustedes» dijo Renato mientras salía de la cocina llevado por la corriente de gente que todavía con la conversación original en pie. Joshua se quedó un poquito atrás y me dijo, «Es garota… hazlo ya, pero igual que L’escalier». Yo todavía no acababa de digerir los últimos 6 minutos. Me tomó mucho coraje responderle: «sí, lo voy a hacer y vos me vas a ayudar».

Ahora, lo que dijo Joshua fue duro. Él mencionó a L’escalier, una revista recién lanzada, muy bien llevada y de mucha popularidad entre adolescentes y jóvenes. Lo que no saben es que para mi significa mucho más de lo que parece. Es más, esta es la primera vez que lo comparto. Esta revista no solo está muy bien llevada, es genuina. Nunca la he leído completa, pero es lo que significa de por sí lo que me afecta. Primero es un proyecto de gente joven para jóvenes. Personas que forman parte del proyecto son estudiantes de mi carrera a las cuales conozco. Esta revista fue uno de los desánimos iniciales en mi gran despertar cristiano. Porque gente que cree en lo que hace, se apasiona, lo hace, tiene éxito, es querida e influye a los jóvenes. Mi gran pregunta todo este tiempo ha sido ¿por qué nosotros los cristianos no podemos hacer algo así? ¿Por qué yo no he podido formar algo así aún? ¿Por qué toda la iniciativa se la han robado ellos? ¿Qué nos falta? ¿¡Qué me falta?!

Y así me he sentido todo este tiempo, que me falta algo, que soy incompleta. Pero hoy, al ver que mis sueños no son nuevos, sino que ya son viejos y que aun respiran en mi; y más aún, saber que mis líderes lo comparten y desean verlo convertido en realidad y que también han guardado nuestros sueños en ellos, me inspiró. Me hizo recordar que los sueños son reales, que están en nosotros para llevarlos a cabo. Dios unió las dos cosas que quería aquella noche sobre mi cama: ser de Él y lo que yo quería. Las dos cosas van de la mano. No puedo ser sin Él.

Ahora, esto de levantarse conociéndote y seguro de quien eres, que haces, y que quieres y a quién perteneces es difícil. Yo, personalmente, estoy todavía batallando con mis contrarios, todavía me siento intimidada, pero mi voz está siendo más fuerte poco a poco. Y siempre encuentro alguien más a quien responder y vienen de todas partes, vienen de afuera, vienen de adentro, a personas que ya lo han logrado, y con los míos que vienen detrás. Hay un montón de gente a quien dar cuentas y siento que eso  no es lo importante. Que es Dios a quien debo mirar, pero eso requiere dejar ir otra vez algo que quiero. Significa volver a renunciar y no es diferente, me da miedo, una parte de mi no lo quiere hacer, otra me ruega que lo haga, quiero ser mejor que nadie, quiero marcar la diferencia, pero no lo podré hacer sin Él, no lo haré sin Él. Y esa parte, de confiarle todo a un plan que parece débil, me da miedo, requiere fe. Y me esta tomando más tiempo que antes. Pero necesito llegar a ese punto en que estoy convencida y con dolor y lágrimas se lo doy porque entiendo que es valioso, que vale la pena. Que mis sueños valen, que yo valgo como el collar que llevaba hoy puesto que mi madre lo compró sin importar el precio solo por mi, como el poema blanco que me dice que soy atesorable y deseable como un cielo estrellado inalcanzable. Y tal vez estoy escuchando todas las voces incorrectas, esperando que el resto me diga que valen mis sueños, que valgo, cuando ya se me ha dicho, si vales, si eres hermosa,  ya has sido amada.

Espíritu, recuérdame lo que ya aprendí, quiero llegar a amarte.

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