Square One, Again?

The Last Samurai movie was on. The moment when Tom Cruise receives his new clothes inside the village of the japanese was being played. The girl watching in the living room said out loud:«I don’t like it» stood up and left the room as if someone had heard her.

The girl related to the feeling portrayed in that scene. The fact to be kids again, to be learners when you are old. Just as the last samurai did. He was in a unknown land and everything was new, nothing made sense. He had to learn all over again everything. The girl infront understood. That’s what she didn’t like.

She had always been in the right place. She had always belonged to the right place, and knew all the rules. She knew from the beginning how things had to be done and what things needed to be followed. But soon she found out that life wasn’t a prescription. That principles couldn’t be memorized and done. Life wasn’t a mold of bread. She couldn’t just make it turn out right. Life came in different shapes and aspects and if you haven’t understand the principles behind life, it was useless to try. She didn’t know how to live a true life. Rules were just a piece of paper then.

Unfourtunately, this lesson came when she was old enough. And to be a relearner again was hard. There was a sense of shame. She that always had been in front, giving the lessons, guiding new ones in the right track, clearifyng thoughts and concepts, was being taught over. Felt a little denagrating. So she did know it felt to be the one that doesn’t know how nose is called. To be in that process is risky, is shameful or that is how she felt. Because we need correction, we need guidelines, we are in the spot of need, in the vulnerability. And how we hate to be vulnerable. In this world that teaches you that life is hard, that at the end you are alone, and that you need to watch for yourself bacuase no one else will.

Sueños

Dic 15

No sé si este es un buen día para escribir, tengo un montón de nostalgias atrapadas en la garganta y un cuarto vacío para darle vueltas a las memorias. Y así quiero escribir. Hace un par de días comencé a escribir sobre los sueños que llegamos a tener. Mi objetivo era escribir sobre como llegar a saber nuestro llamado de Dios y lo mío comenzaba con los sueños que alguna vez tuve.

Comenzaban en mi habitación chiquita en Manta, del primer departamento que nos cuidó. Que no cuidó porque fue nuestro refugio, nuestro escondite, nuestro campo de guerra, nuestro trabajo pero siempre estuvimos a salvo ahí dentro. Yo todavía amo cada recuerdo allí. Ni siquiera quiero volver a entrar porque no quiero romperlos. No quiero que el encanto del lugar se rompa tal como lo recuerdo. Era un departamento iluminado con luces cálidas, las amarillitas, las que te hacen sentir caliente y en casa, tan acogedoras en la noche que te dan calma, hace tiempos que sé porque las llaman así. Además una de las paredes de fondo de la sala y comedor del departamento era de un color palo de rosa profundo, que añadía mucho al sentir de hermosura y unión que tenía aquel lugar. Era cuando todas las luces se apagaban y las luces frías de la calle iluminaban a medias a través de las ventanas que hablaba con Dios en mi cuarto. Era en esos momentos que mis padres nos creían dormidas y que el día se había completado. Pero estaban equivocados. Las cosas más importantes que me sucedieron fueron en esas horas antes de dormir. Siempre. Como ahora, casi media noche y tengo más de 7 años por ordenar en mi cabeza.

Esa noche, (que si reviso mis diarios seguro encuentro la fecha), lloraba, mucho y en silencio (para que me sigan creyendo dormida). Estaba orando. Estaba pidiendo y entregando algo a Dios esa noche. Pedía ser parte de su “grupo especial” como le llamaba yo, y para obtenerlo, debía entregar mis propios planes que no incluían su grupo especial. Era una oración contradictoria, pedía algo que quería y entregaba de igual manera otra cosa que también quería. Sin embargo, tomaba la que valía más para mi.

Hasta aquí pude llegar el otro día mientras escribía. De repente me perdí y no sabía cual era mi sueño ahora. Seguía siendo el mismo pero no podía ver la forma que tenía el sueño en mi vida presente. Me perdí en el escrito, pero era porque me había perdido en reconocer mi sueño. En una forma de darme por vencida y finalizar con mi vergüenza solitaria, escribí la siguiente línea estúpida y honesta: «Hoy no recuerdo el sueño, estoy desanimada, quiero ver una película triste y dormir». ¿Qué tipo de entrada de una cristiana que rete y que anime, termina así? Me reproché a mi misma y cerré la computadora. Era obvio, no lo pondría en la web. Una entrada más incompleta e insuficiente en los drafts y nada nuevo publicado. ¡¿Hasta cuándo?!

Pero hoy , sucedió algo curioso. Una parte del grupo de jóvenes de la iglesia nos encontrábamos preparando la Reunión Conjunta de Internaciones II. Me había cansando alistando la cancha en dónde jugaríamos más tarde, así que fui a la cocina por un vaso de agua. Allí, Belén Pérez, Majo Serrano, Joshua Miranda y Renato Miranda papá, se encontraban conversando y discutiendo sobre algo que no entendí. Como toda discusión, me pareció interesante e indagué sobre qué se trataba. María José, muy amablemente me explicó que habían asistido a una capacitación de jóvenes dada por la Confraternidad de Iglesias de Cuenca y discutían sus puntos de vista sobre ciertas discrepancias que tenían al respecto. Renato, para parar la corriente negativa que crecía, dijo:

«Bueno, debemos rescatar de allí lo bueno y lo que sí queremos. Esa revista por ejemplo es buenasa y debemos hacerlo».

Ese tema era totalmente nuevo para mi, y como un perrito alcé las orejas con mucha más atención. Todos los demás apoyaron la moción dada por Renato muy convencidos, lo que me llamó aun más la atención. Quería ver esa revista, quería que alguien describiera algo que le había gustado porque todos parecían muy felices y satisfechos con la imagen que tenían de ella en sus mentes. De repente, Renato me miró y me dijo: «¿Te acuerdas? Vos y tu ñaña tenían esa idea de hacer una revista.» Yo creo que en ese momento le abrí los ojos más de la cuenta. En sorpresa, emoción, nostalgia e incredulidad, todo de una sola. «Siiiii» logré articular primero. Me cubrí la boca abierta con la mano.

«¿Vos sabías eso Rena?»

«Hablaron conmigo, allá abajo en…» no necesitaba terminar la oración. Con un movimiento de mi cabeza le hice entender que sabía muy bien el lugar al que se refería. Para mi era fácil recordar la edad que teníamos más o menos y unir que lugar frecuentábamos en ese entonces. Claro que Renato estaba allí. En la misma casa que funcionaba Compasión internacional, junto a la gasolinera cerca de la Don Bosco. Como una última forma de expresión típica mía, reí diciendo: «¡Te acuerdas de nuestros sueños!»

«Cuando escuché eso pensé en ustedes» dijo Renato mientras salía de la cocina llevado por la corriente de gente que todavía con la conversación original en pie. Joshua se quedó un poquito atrás y me dijo, «Es garota… hazlo ya, pero igual que L’escalier». Yo todavía no acababa de digerir los últimos 6 minutos. Me tomó mucho coraje responderle: «sí, lo voy a hacer y vos me vas a ayudar».

Ahora, lo que dijo Joshua fue duro. Él mencionó a L’escalier, una revista recién lanzada, muy bien llevada y de mucha popularidad entre adolescentes y jóvenes. Lo que no saben es que para mi significa mucho más de lo que parece. Es más, esta es la primera vez que lo comparto. Esta revista no solo está muy bien llevada, es genuina. Nunca la he leído completa, pero es lo que significa de por sí lo que me afecta. Primero es un proyecto de gente joven para jóvenes. Personas que forman parte del proyecto son estudiantes de mi carrera a las cuales conozco. Esta revista fue uno de los desánimos iniciales en mi gran despertar cristiano. Porque gente que cree en lo que hace, se apasiona, lo hace, tiene éxito, es querida e influye a los jóvenes. Mi gran pregunta todo este tiempo ha sido ¿por qué nosotros los cristianos no podemos hacer algo así? ¿Por qué yo no he podido formar algo así aún? ¿Por qué toda la iniciativa se la han robado ellos? ¿Qué nos falta? ¿¡Qué me falta?!

Y así me he sentido todo este tiempo, que me falta algo, que soy incompleta. Pero hoy, al ver que mis sueños no son nuevos, sino que ya son viejos y que aun respiran en mi; y más aún, saber que mis líderes lo comparten y desean verlo convertido en realidad y que también han guardado nuestros sueños en ellos, me inspiró. Me hizo recordar que los sueños son reales, que están en nosotros para llevarlos a cabo. Dios unió las dos cosas que quería aquella noche sobre mi cama: ser de Él y lo que yo quería. Las dos cosas van de la mano. No puedo ser sin Él.

Ahora, esto de levantarse conociéndote y seguro de quien eres, que haces, y que quieres y a quién perteneces es difícil. Yo, personalmente, estoy todavía batallando con mis contrarios, todavía me siento intimidada, pero mi voz está siendo más fuerte poco a poco. Y siempre encuentro alguien más a quien responder y vienen de todas partes, vienen de afuera, vienen de adentro, a personas que ya lo han logrado, y con los míos que vienen detrás. Hay un montón de gente a quien dar cuentas y siento que eso  no es lo importante. Que es Dios a quien debo mirar, pero eso requiere dejar ir otra vez algo que quiero. Significa volver a renunciar y no es diferente, me da miedo, una parte de mi no lo quiere hacer, otra me ruega que lo haga, quiero ser mejor que nadie, quiero marcar la diferencia, pero no lo podré hacer sin Él, no lo haré sin Él. Y esa parte, de confiarle todo a un plan que parece débil, me da miedo, requiere fe. Y me esta tomando más tiempo que antes. Pero necesito llegar a ese punto en que estoy convencida y con dolor y lágrimas se lo doy porque entiendo que es valioso, que vale la pena. Que mis sueños valen, que yo valgo como el collar que llevaba hoy puesto que mi madre lo compró sin importar el precio solo por mi, como el poema blanco que me dice que soy atesorable y deseable como un cielo estrellado inalcanzable. Y tal vez estoy escuchando todas las voces incorrectas, esperando que el resto me diga que valen mis sueños, que valgo, cuando ya se me ha dicho, si vales, si eres hermosa,  ya has sido amada.

Espíritu, recuérdame lo que ya aprendí, quiero llegar a amarte.

Aún somos humanos

Hace unos días me di cuenta que los únicos que pueden amar intencionalmente son los humanos. La idea vino del odio humano y mi subconsciente me hizo decir en voz alta: We are still human. Era una forma de decir, todavía podemos amar, todavía nos pertenece la bondad y la amabilidad, todavía podemos amar. Los animales aman y cuidan por instinto pero los humanos podemos hacerlo por decisión propia. Todavía somos humanos, eso es algo que nadie, ninguna fuerza o poder, podrá cambiar. Todavía todas esas características nos pertenecen únicamente a nosotros. Mientras existamos, puede haber amor desinteresado, bondad y amor a propósito. Es genial que todavía podamos escoger.

¿Escribir o no escribir?

Hace tiempo que quiero escribir un blog (Si un blog) solo para cristianos. Primero es mucho más fácil hablar entre cristianos que entienden lo que quieres decir y también hay cosas valiosas que son importantes hablarlas, compartirlas y discutirlas. Y leo muy poco en la web sobre ellas. No sé ustedes pero siento que hay un montón de cosas que nos alejan de Dios y de sus verdades. Yo creo por eso hablo. Creo que es mucho tiempo ya mi silencio y estoy harta de eso. No voy a dejar que los pensamientos o creencias que arruinan muchas veces a jóvenes que conozco, a chicas que amo, o a hombres que admiro, se den si discutirlas. Hay un montón de cosas que pasan en mi vida por las cuales Dios me habla y se siente mal quedármelas para mi sola. Es como descubrir una ciudad de caramelo en mi patio y no invitar a los amigos. Me parece un desperdicio a veces. Quiero que sepan que soy una joven más con un montón de batallas también, que estamos juntos en esta vida caótica a veces y muy calmada en otras.

Hablare de mí, de lo que Dios me dice, de lo que veo, lo que he vivido y lo que me han dicho. Así que estaré un poco expuesta aquí, pero no me importa. Hace tiempo que le tengo miedo, pero hoy se que es Dios quien me lo pide. No puedo seguir negándolo.

Así que me gustaría comenzar por este miedo increíble por escribir, para cristianos exactamente. Para mí se forma un enfrentamiento entre las “palabras” y “quien eres”. El crecer en la Iglesia hizo que desde mi niñez los versículos entren en mi subconsciente y crezca con ellos dirigiendo mis acciones. Uno de los más fuertes fue Juan 6:45 dice: «Porque de la abundancia del corazón habla su boca» (no sabía la cita, la acabo de googlear, pero las palabras las sé de memoria). Cuando lo reflexione supe que mis palabras me describían, reflejaban lo más intimo de mi ser, mi corazón, mi verdadero yo. Supe que cuando criticaba a alguien estaba diciendo más de mi misma que de aquella persona. Así que las palabras tomaron una importancia increíble y trate de cuidarlas muy bien. (Claro que no fue perfecto, se me ocurren algunos nombres a quienes mis palabras hirieron mucho). Sin embargo, la impresión general que llegue a dar era: ella es inocente, cristiana, da buenos concejos, ella es buena.

Tanto me lo repitieron que llegue a tener miedo a fallar. Y he ahí el miedo a las palabras. Sabía que no podía llegar a tener un corazón 100% puro y tenía miedo que la gente que tanto me admiraba se diera cuenta de ello mediante las palabra que decía. No quería contradecirme en ningún discurso, ya sea lingüístico o actual. Quería ser lo mejor para la gloria de Dios, pero creo que perdí la verdadera razón en algún punto.

Pronto me di cuenta que no podía mantenerme por mucho tiempo así. Que fallaría, que soy humana, que sentiría, que dejaría salir a mi corazón malo y egoísta en algún momento y que si me lo guardaba terminaría alejando a todos, sola, sin impactar a nadie, sin mostrar a nadie de Jesús. Hace tiempos escribí con mayúsculas en uno de mis cuadernos: “TRANSPARENCIA” y eso era exactamente lo que quería que la gente viera. No a una chica perfecta sino a una chica de carne y hueso con millón errores y malos pensamientos e impulsos pero con una fe inmensa y un Dios mucho más grande que ella de gracia, bondad y sobre todo AMOR. No es sobre mí, es sobre Dios en mí. No tengo nada de que gloriarme y ahora sé que todo lo que soy es por Él.

Así que voy a escribir para ustedes, que son mis hermanos, que la Biblia dice son parte del mismo cuerpo que yo; voy a escribir muriéndome de miedo de hablar cosas huecas o erróneas, con miedo a releerme después de años y decirme “que bestia, tantas tonterías que escribí”, pero aun así quiero hacerlo, no puedo esperar más. Uno de mis consuelos es que muchos grandes escritores cristianos han confesado su inmadurez en alguna obra o en alguna predica. Creo que nadie está exento de eso sino que cada uno aprende.

Si estás leyendo esto quiere decir que eres cristiano, que eres nacido de nuevo, que tienes eternidad, que eres un hijo de Dios y Su guerrero. Quiere decir que eres mi familia, mi hermano, que eres mi apoyo, significa que somos parte del mismo cuerpo, que no hay quien caiga de nosotros que no nos afecte a todos. Quiere decir que eres perdonado, que eres levantado, que eres victorioso y amado igual que yo. Eres limpio en la sangre de Cristo. Si te llamas cristiano, conoces la Biblia, del Espíritu Santo, y estás en camino a ser trasformado en Jesús. Valoras la cruz, tienes esperanza en la muerte y sabes que tienes un creador que te hizo con un propósito. Pero también significa que sabes que es la tentación y el fracaso y la batalla. Sabes que no es fácil, sabes lo fácil que es dejar de “hacerlo bien” y es por eso que confió en ti. Creo que Dios está trabajando en tu vida a su propio ritmo porque conoce tu corazón y  que Jesús está revelando pedazos de su corazón constantemente a ti. Temo a las palabras porque revelan nuestro corazón, el silencio es más seguro. Pero el amor requiere ser expuesto, ¿Por qué le tenemos tanto miedo a ser expuestos? La Biblia dice que Él cubrió nuestra vergüenza, nuestra desnudez con su sangre. Escribo para que veas que soy igual que tú, con las mismas batallas, tentaciones, desánimos, pero con el mismo Dios Todopoderoso, con los mismo milagros, y la misma eternidad. Es un viaje que quiero empezar a compartirlo con ustedes desde aquí.

Sé que se verán tentados a juzgar, y también me muero de miedo de eso, pero sé que Dios responde por mí. Que él me ha limpiado de todo y que lo que haga, diga o lo tenga en mi corazón es el terreno que Dios está trabajando en mí. Él es quien prometió terminar la obra. No yo. Y creo lo mismo para ti. El comienza una obra y no la abandona hasta terminarla. Mi trabajo no es juzgarte sino ayudarte a levantarte cuando sea que me necesites. ¿No les da gozo estar en sus brazos y ser juzgada por Él antes que por los hombres?

Ahora, espero instarte al dialogo, a inspirarnos mutuamente a ser luz para el mundo. (Si ven por qué es SOLO para cristianos? Porque es dice que para el mundo “es locura el evangelio” pero somos nosotros quienes lo vamos a presentar al resto y nos necesitamos para levantarnos, apoyarnos, edificarnos, amarnos. Asi que espero que aquí se formen cadenas de oración, de ánimo, o simplemente digamos “yo entiendo” o “no soy el único pensando eso” y mucho más. Si tengo un motivo para escribir son los jóvenes, los cristianos, que tenemos mucho que decir porque mucho se nos ha dado.

Gracias por estar aquí. Vamos a ver que se viene y como es esto de escribir para cristianos.