Mi papá

Este hombre me enseñó que aunque estemos rodeados de una familia que nos ame y estemos cómodos en una bella ciudad segura, no significaba que estemos en casa, al menos no en una permanente.
A mis 15 años, dejamos Cuenca, la única ciudad que habíamos conocido como nuestra, para “hacer discípulos” en Manta de una cultura diferente, con temporadas y costumbres ajenas a las nuestras. Creo que cuando nos mudamos entendí  la verdad de que somos extranjeros en la Tierra. Cuando preguntaba, “¿entonces de dónde somos?”, mis padres respondían, “somos ciudadanos del cielo, cariño. Nosotros somos eternos”.

María Cristina

 

La primera vez que vi a María Cristina estaba sentada en una silla plástica de niños frente a mí en la iglesia Verbo Manta. Ambas teníamos sobre nuestras piernas a dos niñas que lloraban. Era domingo, yo estaba de visita por el feriado de noviembre. En un momento, por coincidencia, las dos bebés se encontraron y comenzaron a pelearse por un juguete. Eso parecía ser lo único que podía distraerles lo suficiente como para que dejaran de llorar. En ese momento, ambas cruzamos miradas y nos reímos en complicidad. Así fue como la conocí.

Un mes después cuando regresé, María Cristina me sorprendió mientras salía al patio con un vaso de chocolate navideño una vez finalizada la reunión dominical. La saludé como a una vieja amiga. Pero cuando avanzamos en la conversación, me di cuenta que teníamos mucho de qué hablar, porque no sabía nada de ella, de dónde era, qué hacía, qué tiempo venía a la iglesia, ni que le gustaba.

Teníamos en común, que ambas vivimos solas, pero no realmente, dijo ella. Sus sobrinos entran y salen durante todo el día de su departamento, porque sus hermanas son vecinas. Así que siempre está con alguien, me explicó. «¿Y qué haces en el día?», le pregunté. «Tengo una tienda de productos naturales. Bueno, estaba en Tarqui…» En ese momento debí de haber puesto cara de sorpresa porque enseguida trató de calmarme, «pero ahora estamos reubicados…». La conversación tomó una dirección que no esperaba. Recordé que casi todos en esta ciudad han sido afectados de una u otra forma por el terremoto y las historias aún estaban frescas.

«¿Cómo te afectó el terremoto?» le pregunté preparada.

«Mi tienda estaba en una de las esquinas en pleno Tarqui. Yo no estaba allí cuando pasó. Pero al día siguiente, cuando fui a ver el lugar ¡no había nada roto! ¡Ni un vidrio!».

Yo empecé a reír. «¿De verdad? -dije en incredulidad- ¿Ni un vidrio, una vitrina, nada?» le pregunté.

«Nada. Pude sacar absolutamente todo en buen estado. Las cosas estaban movidas de un lado a otro, totalmente desordenadas, incluso las vitrinas estaban movidas como si alguien hubiera sacudido el lugar, pero nada estaba ni trisado -me dijo- yo digo a mi familia que realmente Dios cuidó de mí, porque él sabe que lo necesitaba. Yo creo que fue obra de Él», terminó.

Al escucharle decir eso, se me movió el corazón. Para mí, no había duda de que así era. Un negocio ubicado en lo que hoy se conoce como Zona 0 y donde no se puede entrar sin resguardo policial, no tenía esperanzas de mantenerse en pie. Los edificios alrededor de la tienda de Ana Cristina serán demolidos. Las pérdidas fueron grandes. Incluso en la casa de mis padres, los cuadros de las paredes se cayeron y los vidrios se rompieron. ¡Y ellos están a 10 minutos de Tarqui en carro! ¿Cómo es posible, que una tienda llena de vitrinas y productos en el centro de Tarqui no haya sido afectado en nada? De cualquier forma que lo pensara, yo también veía la mano de Dios en la vida de Ana Cristina. ¡Qué gusto encontrar esta historia! Cuando nos preparábamos para encontrar destrucción o dolor, encontramos a un Dios grande cuidándonos, quien le da importancia a lo que a nosotros nos importa. Un Dios que cuida lo que nosotros no podemos controlar.

María Cristina asiste por algunos años a Verbo Manta. Ella ayuda con los niños en escuela dominical, en especial con los bebés. Por lo que me consta, es paciente y no le falta una sonrisa cuando las cosas se complican. Ella puede ver más allá de lo visible porque cree en un Dios invencible. Eso hace a su corazón agradecido en medio de las circunstancias. Si, ella conoce al Ser más chévere que existe y eso la hace parte del club.

 

Roberto y Karina

roberto-y-karinaCuando escuché que Roberto y Karina había decidido ir como misioneros a Italia, me enojé. Porque las dos personas que ven allí sentadas son unas de las personas que más admiro y por las que más orgullo he tenido los últimos 3-4 años. Cada vez que escucho a Roberto explicar una parte de la Biblia, quiero besar su cráneo. No es broma. Es en serio. Hay algo que amo en la mente de ese man que explica de una manera muy clara y práctica verdades que por mucho tiempo han sido abstractas o que han perdido su significado por tanta repetición en ambientes cristianos.

Por mucho tiempo anhelaba encontrar algo fresco en la iglesia, en mi iglesia local. Estaba cansada que sean solo otros los que tenían formas nuevas y relevantes de hacer iglesia. Quería algo nuestro,. Creía que personas entre nosotros podían hacerlo. Pero siempre encontraba a los mismos hombres increíbles de mi iglesia sintiéndose menos o simplemente admirando con la boca abierta a otro suco enseñar la palabra. Roberto fue una respuesta a ese anhelo. Por primera vez, lo que pensé que era imposible, era de carne y hueso. Teníamos a alguien super pilas y lleno del temor de Dios hablando revelaciones poderosas, y que además utilizaba nuestras memorias y hablaba nuestro idioma. Por fin, un hombre sin miedo y al frente. Un hombre valiente como para trabajar medio tiempo en la iglesia y mucho más arreglar o renovar algunas cositas que se necesitaban. Creo que fue un hombre que nos enseño cómo traer la nueva generación a nuestra iglesia bajo la honra a nuestros padres y bajo el consejo de muchos.

Quería que quien era él se reproduzca aquí a mi alrededor. Estaba orgullosa de tener semejante ejemplo entre los nuestros para referir a cualquier persona como modelo a seguir. Sentía un orgullo de lo propio que triunfa y es exitoso en lo laboral y en lo espiritual. Quería aprender de su sabiduría y copiar las formas de pensar y explicar las cosas. Pero ahora está claro que lo tomaba por sentado. Pensaba que iban a estar alrededor hasta cuando me case y tenga hijos. Creía ingenuamente que iba a poder recurrir a su gran almacén de consejos en cada una de estas etapas. Así que cuando escuché que habían tomado la decisión de irse (¡tan pronto!), me enojé. No con ellos, sino con Dios. Sabía que ellos estaban siguiendo la voz de Dios. Así que sabía que la fuente real de dirección era Dios y a Él debía reclamarle. Pero no cambiaron las cosas. Los Capaldi se van de todas formas y extrañaré la enseñanza que me deja sin palabras y que solo me hace querer pararme a aplaudir y a a final termino agradeciendo a Dios por su vida. Sé que no voy a tener a Karina aquí para que me guíe cuando tenga una conversación seria sobre relaciones amorosas, ni para su perspectiva en el próximo Book Club.

Sin embargo, sus historias nos pertenecen. Son historias que no dejaremos de contar a los que vengan y a los que lleguen. Serán nombres que presentaremos aunque estén en la distancia y sean por un tiempo sola idea. Roberto dijo que muchas veces estar y hacer la voluntad de Dios no se ve como el éxito humano. Aunque es duro, es verdad. Tenemos algunos ejemplos en la Biblia de vidas miserables humanamente pero muy exitosas para Dios. Pues bien, creo que si no son exitosas en lo humano, lo serán en la eternidad. En el gran día, cuando podamos ver todas las cosas como verdaderamente son, veremos que las historias mínimas, las pequeñas e incluso las miserables, eran las verdaderamente grandes, las que agradan a Dios. No he tenido tanto miedo de seguir esta pauta como lo tengo ahora que soy adulta. Ver que una familia joven y con un éxito humano aparente, renuncie a ello por hacer la voluntad de Dios, me reta y me recuerda que vivo para hacer lo mismo, sea cual sea mi historia, mi lugar.

Creo que no hay nadie como un misionero que cree en la iglesia  potencial. A veces no se ve nada, pero se cree que puede haber mucho. Ellos confían que habrá mucho porque Dios se los ha dicho. No puedo decirles que se queden, al menos no en serio, porque sé que les lleva un amor más grande. Un amor que no se puede negar porque es un amor que salva. Porque crecí gracias a y debajo de un amor así. Un amor gringo que amó a mis padres aun antes de conocerles. Un amor cuencano que dieron mis padres por manabas que se convirtieron en hermanos míos. Y que me dieron “sobrinos”, otros hermanos y un montón de familia. Tengo una ciudad clavada en el corazón por ese amor que ama potencialmente, que ama por los que pueden existir, a los que pueden llegar a creer. Ese es un amor que multiplica, pero que se sacrifica antes. Este es el tipo de escuela que recibimos de nuestros padres. De verdad, nuestra iglesia es misionera.

Ahora queda una expectativa más grande por el futuro, porque he llegado a experimentar historias que nunca pensé que pasarían, que nunca imaginé. Historias que solo Dios puede crearlas. Y no puedo imaginar lo que nos aguarda. ¿Qué tan más grandes son?

El club de los chéveres

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Yo era un gran monstruo de la perfección. Tal vez, la gente no se dio cuenta, pero yo era una gran juez. Todo lo que no me gustaba o me parecía mal mientras crecía, era una gran bandera roja. Pensaba mucho sobre cuál era la forma correcta de hacer las cosas. Recuerdo que me preguntaba cuáles eran las maneras para obtener lo perfecto. Me gustaba leer los manuales, los mapas, las voces de los expertos. Siempre había una forma correcta de sentarse y comer. La forma correcta de cocinar, y de tener amigos. ¿Por qué la gente simplemente no lo hace? Preguntaba con disgusto. Así que planeé la manera perfecta de hacer las cosas y vivir la vida perfecta para cuando llegara mi tiempo. Obviamente, cuando llegó, ya te imaginarás, me di cuenta que era más difícil de lo que parecía. Si las cosas a mi alrededor no cambiaban haciendo mis planes imposibles, yo fallaba convirtiéndome en lo imperfecto de mi plan. Muchas veces no encontraba la motivación para hacer todas las cosas bien y cumplir con las reglas. Y cuando las emociones estaban en la mesa, me era más difícil ganarles. También encontré que mi forma correcta de hacer las cosas no era usualmente la mejor o la más adecuada. Me encontré en lugares que no quería estar o me sentía horrible después de algún plan “perfecto”. Eso fue frustrante. Lo que más había tratado de evitar estaba a mí alrededor. Estaba lejos de ser perfecta y parecía inalcanzable.

Pero había algo que se demostró ser inmutable a través de los años, los errores y los cambios: Dios. Todo lo que Él una vez me había dicho a través de la Biblia resultó ser cierto. Las palabras de Jesús eran las más fijas en mi vida después de probarlas. Por lo tanto, les di toda mi confianza. El tipo de confianza que la gente joven e inocente dan cuando está emocionada. Gracias a Dios fue a Él a quien confié porque no me decepcionó a largo plazo.

Desde entonces, estoy cada vez más convencida de que Jesús es la forma correcta de vivir la vida. Realmente creo que si vivimos como Él planeó hacerlo, seríamos las personas más chéveres* de la tierra. ¿Y sabes cómo vive, ama y trabaja la gente chévere? Ellos son chéveres todo el tiempo. Y no estoy hablando de una manera tonta de “ser chévere”. Estoy hablando de ese tipo de personas que cuando las conoces, pueden no parecer grandes, pero una vez que llegas a saber quiénes son y cómo viven, acaban por hacerte sentir cómodo e inspirado. En el fondo, quieres algo de lo que tienen, sin envidia, pero en realidad te parece que hay grandeza dentro de ti también. Para mí, la gente chévere impacta en sus familias, sus profesiones, el autobús en el que están, o las tiendas que visitan para mejor. Los más chéveres afectan a grupos humanos, a países incluso; pero los cheverísimos cambian vidas. En pocas palabras, la gente chévere mejora el mundo.

No soy ingenua en que mucha gente chévere no puede mantener el puesto por mucho tiempo. Sí, la gente defrauda. Pero descubrí que la gente chévere no se va cuando se decepciona. Eso fue más de lo que esperaba. Así que me pregunto acerca de las vida cotidiana que llevan y cómo se enfrentan a los problemas. Quiero ser uno de ellos y tengo curiosidad por saber cómo reaccionan a los golpes y a los éxitos. También estoy muy interesada en cómo los chéveres son restituidos cuando fallan. Jesús hizo lo chévere posible sólo porque permite el fracaso y el perdón en su plan. Ay, tengo mucho que aprender de Él. Necesitamos el uno del otro y estoy dispuesta y apasionada por compartir lo que aprendo y lo que he visto hasta ahora. También estoy dispuesto a traducir lo que acostumbramos ver como religión. Usualmente son palabras repetidas en una iglesia o por medio de personas bien intencionadas, y son palabras que han perdido el sentido y su profundo significado. Pero en realidad son bastante chéveres. Hay una gran cantidad de chéveres que camina sobre la tierra hoy y que no me creerías quienes son. En realidad, creo que todos nacimos para ser chéveres. Amo descubrir cómo lo consigues tú. Esta es mi historia.

 

*chévere

  1. adj. Ant., Bol., Col., El Salv., Hond., Pan., Perú y Ven. Estupendo, buenísimo,excelente. (RAE)

 

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I was a big perfection freak.

People wouldn’t had notice it but I was a big judge. Everything I disliked or seemed wrong while I was growing up, was a big red flag for me. I was always into what was the right way to do things. I remember wondering about the ways things could be done in order to make it right and perfect. I would read the manuals, the maps, the expert voices. There was always a right way to sit and to eat. The right way to cook, and to have friends over. Why people just don’t do it? I would ask in anger. So, I planned my perfect way of doing things and the way to a perfect life. Obviously, when my time came, yap, you’re right, I found out it was harder than it seemed. If things around me didn’t change, making my plans impossible, I was the one that failed. No motivation was in me to fulfill everything at perfection. And when the emotions were in the table, I wasn´t moved for the plan. I also found that my right way to do things weren’t the best or the right ones. I found myself in places I didn’t wanted to be or feeling horrible after some “perfect” plan. That was frustrating. What I tried to avoid the most was all around me. I was far from perfect and it seemed unattainable.

But there was something that proved itself unchangeable through the years and the changes: God. Everything He had once told me through the Bible proved itself to be true. Jesus words were the most truer one in my life. So, I gave them my full trust. The  kind of trust that young and innocent folks give when excited. Thanks God it was to Him I trusted because I wasn’t disappointed at the long run.

Since then, I´ve been more and more convinced that Jesus is the way, the right way to live life. I truly believe that if we do life as He planned us to do it, we would be the coolest persons on earth. And do you know how cool people live? And how cool people love? And how cool people work? They are cool everywhere! And I´m not talking in a silly way of coolness. I´m talking about that kind of persons that when you meet, they may not have a great life apparently but once you get to know who they are and how they do life, they just make you feel comfortable and inspired. Deep down you want some of what they have, with no envy, but actually you think there is greatness inside of you too. For me, cool people impact their families, their professions, the bus they’re riding, or the shops they visit for better. The coolest people impact organizations, human groups, countries; but the extremely cool ones change lives one at a time for better. In short words, the coolest people improve the world.

Many people fail to keep the cool place in our lives. Yes, people disappoint. But the cool people don’t walk away when dissapointed. And that was even bigger than what I expected. I wonder about their daily lives and how they deal with life issues; I want to be one of them and I’m curious about how they react to life punches and life successes. I´m also very interested in how cool people is set back right when they fail. Jesus made cool possible only because He allows failure and forgiveness in his plan. Oh I have so much to learn from Him. We need of each other and I´m willing and passionate to share what I learn and what I´ve seen so far. Also I´m willing to translate what we usually see just as religion or long repeated words in a church or through well intended people that had lost all sense and its deep meaning. But they’re actually pretty cool. There are a lot of the coolest people walking on earth today and you wouldn’t think who they are. Actually, I think we are all supposed to be cool. And I love to discover how you do it. Here is mine story.

A Singing Voice, a Hope (Rachel Guido)

For me it was easy to get to know God. I learned about him since I was a young; actually, that was the time I learned the most about Him. I learned through the Bible to believe in his miracles and His workings; I learned to raise prayers to Him, believing He would answer.  And I learned to worship Him. In every one of these actions I learned a little bit more of God, so when I turned a teenager, He wasn’t a stranger.  I knew him pretty well.  So when I was asked if I wanted to trust my life to Him it wasn’t hard. I knew Him enough as to say yes.  And since then a new world came to me.  In an instant I found true happiness, so easy, so simple.  There is no complexity; He is with me.

Since then my desire to make others experience it too has been craving inside of me. I’ve been searching for a way.  People had told me to have others do the same thing God did with me, that is to let Him come into their lives. But they can’t! They can’t turn back in time and be kids again and learn as a child learns like I did. No, for them it is harder, they’ve been raised totally separated from that knowledge. They won’t understand; there will be more things to tumble-down first, so many misconceptions, so many lies dressed like truths, harder molds to break.  I complained to God one night in my prayer in the worship time: “God! Why they didn’t know you when they were young? Wasn’t anybody around them to talk them about You? Why didn’t You let them know You then? It would be so much easy”

So thinking in it through one night in middle of worship time I felt downhearted. There are so many kids in the world that will grow old without hearing about the real God, so many kids without experiencing it in their lives. They will be sad grownups searching for happiness, who’ll find it too hard to understand, to get it. So much harder than for a kid! What was there to do? It looked hopeless.

Suddenly, by my side, while I still had my eyes closed focus in my prayer, a little voice raised with the others in the group. It sang songs to Him with passion, with humbleness. There was this serious look in her eyes, so uncommon for a kid. She knew to whom they were addressed; she knew what she was doing. “She knows You” I whispered full of excitement. Full of joy.  I tilted my head to see her. Her voice, still sounding softly along with the melody made my heart jump. And I saw a little piece of me there. She could be a little me. She WAS a little me. She would know Him since her young years and when the time to decide to trust her life to Him comes she will say yes, because she’ll know who He is and what he has done for her and how much He had loved her. There was hope for her! I smiled until the tears blurred the blond hair and the little red nose.

Her name is Diana, she is 10 years old. The question is: why is she here? How did she get here? Well, somebody took her in, somebody brought her, and somebody loved her enough. And I knew who that person was. My friend, my best friend, Rachel, who was standing in black boots and surrounded with three other kids, next to the little girl was that person.  She seemed not to be conscious in that moment of how she was changing their lives. She had no idea how much meaning her reality held and not a clue of my burden, of my inner fight, of my prayer. But there she was standing with them, holding them, raising them, teaching them something that no one else out there will do, sharing time and a love no one will give them and giving them something more worthy that the kids could imagine. My heart couldn’t hold so much joy and thankfulness. My joy spilled, my heart ached. I could only raise prayers for her and the kids. “Blessing, many blessings!” I prayed.

Still there are many, many kids in the world spread in every direction, even though I do my little bit of work. Sometimes I just feel overwhelmed by this fact; but then, I see Rach and the kids laughing with her; and when she stares back at me, I can see her just like the man on the beach with all the starfish around him and she seems to tell me: “you see this one? Well, there is hope for this one; she’ll live!” and she goes back to them knowing that it is all worthy.

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Rachel Guido, 19 years old, lives like volunteer along with Paola Hermoza in la Casa Hogar “La Esperanza”. The orphanage keeps 20 kids from 3 to 15 years old in the Latin city of Cuenca- Ecuador. The house has been working since 2008 with the help of the Verbo Christian Church. The kids have more than a place to live and people who love them, they’re getting to know God, their lives are being changed, and they have more than hope…they have an ensured eternal life.

Rachel and kids from La Esperanza
Rachel and kids from La Esperanza