Sueños

Dic 15

No sé si este es un buen día para escribir, tengo un montón de nostalgias atrapadas en la garganta y un cuarto vacío para darle vueltas a las memorias. Y así quiero escribir. Hace un par de días comencé a escribir sobre los sueños que llegamos a tener. Mi objetivo era escribir sobre como llegar a saber nuestro llamado de Dios y lo mío comenzaba con los sueños que alguna vez tuve.

Comenzaban en mi habitación chiquita en Manta, del primer departamento que nos cuidó. Que no cuidó porque fue nuestro refugio, nuestro escondite, nuestro campo de guerra, nuestro trabajo pero siempre estuvimos a salvo ahí dentro. Yo todavía amo cada recuerdo allí. Ni siquiera quiero volver a entrar porque no quiero romperlos. No quiero que el encanto del lugar se rompa tal como lo recuerdo. Era un departamento iluminado con luces cálidas, las amarillitas, las que te hacen sentir caliente y en casa, tan acogedoras en la noche que te dan calma, hace tiempos que sé porque las llaman así. Además una de las paredes de fondo de la sala y comedor del departamento era de un color palo de rosa profundo, que añadía mucho al sentir de hermosura y unión que tenía aquel lugar. Era cuando todas las luces se apagaban y las luces frías de la calle iluminaban a medias a través de las ventanas que hablaba con Dios en mi cuarto. Era en esos momentos que mis padres nos creían dormidas y que el día se había completado. Pero estaban equivocados. Las cosas más importantes que me sucedieron fueron en esas horas antes de dormir. Siempre. Como ahora, casi media noche y tengo más de 7 años por ordenar en mi cabeza.

Esa noche, (que si reviso mis diarios seguro encuentro la fecha), lloraba, mucho y en silencio (para que me sigan creyendo dormida). Estaba orando. Estaba pidiendo y entregando algo a Dios esa noche. Pedía ser parte de su “grupo especial” como le llamaba yo, y para obtenerlo, debía entregar mis propios planes que no incluían su grupo especial. Era una oración contradictoria, pedía algo que quería y entregaba de igual manera otra cosa que también quería. Sin embargo, tomaba la que valía más para mi.

Hasta aquí pude llegar el otro día mientras escribía. De repente me perdí y no sabía cual era mi sueño ahora. Seguía siendo el mismo pero no podía ver la forma que tenía el sueño en mi vida presente. Me perdí en el escrito, pero era porque me había perdido en reconocer mi sueño. En una forma de darme por vencida y finalizar con mi vergüenza solitaria, escribí la siguiente línea estúpida y honesta: «Hoy no recuerdo el sueño, estoy desanimada, quiero ver una película triste y dormir». ¿Qué tipo de entrada de una cristiana que rete y que anime, termina así? Me reproché a mi misma y cerré la computadora. Era obvio, no lo pondría en la web. Una entrada más incompleta e insuficiente en los drafts y nada nuevo publicado. ¡¿Hasta cuándo?!

Pero hoy , sucedió algo curioso. Una parte del grupo de jóvenes de la iglesia nos encontrábamos preparando la Reunión Conjunta de Internaciones II. Me había cansando alistando la cancha en dónde jugaríamos más tarde, así que fui a la cocina por un vaso de agua. Allí, Belén Pérez, Majo Serrano, Joshua Miranda y Renato Miranda papá, se encontraban conversando y discutiendo sobre algo que no entendí. Como toda discusión, me pareció interesante e indagué sobre qué se trataba. María José, muy amablemente me explicó que habían asistido a una capacitación de jóvenes dada por la Confraternidad de Iglesias de Cuenca y discutían sus puntos de vista sobre ciertas discrepancias que tenían al respecto. Renato, para parar la corriente negativa que crecía, dijo:

«Bueno, debemos rescatar de allí lo bueno y lo que sí queremos. Esa revista por ejemplo es buenasa y debemos hacerlo».

Ese tema era totalmente nuevo para mi, y como un perrito alcé las orejas con mucha más atención. Todos los demás apoyaron la moción dada por Renato muy convencidos, lo que me llamó aun más la atención. Quería ver esa revista, quería que alguien describiera algo que le había gustado porque todos parecían muy felices y satisfechos con la imagen que tenían de ella en sus mentes. De repente, Renato me miró y me dijo: «¿Te acuerdas? Vos y tu ñaña tenían esa idea de hacer una revista.» Yo creo que en ese momento le abrí los ojos más de la cuenta. En sorpresa, emoción, nostalgia e incredulidad, todo de una sola. «Siiiii» logré articular primero. Me cubrí la boca abierta con la mano.

«¿Vos sabías eso Rena?»

«Hablaron conmigo, allá abajo en…» no necesitaba terminar la oración. Con un movimiento de mi cabeza le hice entender que sabía muy bien el lugar al que se refería. Para mi era fácil recordar la edad que teníamos más o menos y unir que lugar frecuentábamos en ese entonces. Claro que Renato estaba allí. En la misma casa que funcionaba Compasión internacional, junto a la gasolinera cerca de la Don Bosco. Como una última forma de expresión típica mía, reí diciendo: «¡Te acuerdas de nuestros sueños!»

«Cuando escuché eso pensé en ustedes» dijo Renato mientras salía de la cocina llevado por la corriente de gente que todavía con la conversación original en pie. Joshua se quedó un poquito atrás y me dijo, «Es garota… hazlo ya, pero igual que L’escalier». Yo todavía no acababa de digerir los últimos 6 minutos. Me tomó mucho coraje responderle: «sí, lo voy a hacer y vos me vas a ayudar».

Ahora, lo que dijo Joshua fue duro. Él mencionó a L’escalier, una revista recién lanzada, muy bien llevada y de mucha popularidad entre adolescentes y jóvenes. Lo que no saben es que para mi significa mucho más de lo que parece. Es más, esta es la primera vez que lo comparto. Esta revista no solo está muy bien llevada, es genuina. Nunca la he leído completa, pero es lo que significa de por sí lo que me afecta. Primero es un proyecto de gente joven para jóvenes. Personas que forman parte del proyecto son estudiantes de mi carrera a las cuales conozco. Esta revista fue uno de los desánimos iniciales en mi gran despertar cristiano. Porque gente que cree en lo que hace, se apasiona, lo hace, tiene éxito, es querida e influye a los jóvenes. Mi gran pregunta todo este tiempo ha sido ¿por qué nosotros los cristianos no podemos hacer algo así? ¿Por qué yo no he podido formar algo así aún? ¿Por qué toda la iniciativa se la han robado ellos? ¿Qué nos falta? ¿¡Qué me falta?!

Y así me he sentido todo este tiempo, que me falta algo, que soy incompleta. Pero hoy, al ver que mis sueños no son nuevos, sino que ya son viejos y que aun respiran en mi; y más aún, saber que mis líderes lo comparten y desean verlo convertido en realidad y que también han guardado nuestros sueños en ellos, me inspiró. Me hizo recordar que los sueños son reales, que están en nosotros para llevarlos a cabo. Dios unió las dos cosas que quería aquella noche sobre mi cama: ser de Él y lo que yo quería. Las dos cosas van de la mano. No puedo ser sin Él.

Ahora, esto de levantarse conociéndote y seguro de quien eres, que haces, y que quieres y a quién perteneces es difícil. Yo, personalmente, estoy todavía batallando con mis contrarios, todavía me siento intimidada, pero mi voz está siendo más fuerte poco a poco. Y siempre encuentro alguien más a quien responder y vienen de todas partes, vienen de afuera, vienen de adentro, a personas que ya lo han logrado, y con los míos que vienen detrás. Hay un montón de gente a quien dar cuentas y siento que eso  no es lo importante. Que es Dios a quien debo mirar, pero eso requiere dejar ir otra vez algo que quiero. Significa volver a renunciar y no es diferente, me da miedo, una parte de mi no lo quiere hacer, otra me ruega que lo haga, quiero ser mejor que nadie, quiero marcar la diferencia, pero no lo podré hacer sin Él, no lo haré sin Él. Y esa parte, de confiarle todo a un plan que parece débil, me da miedo, requiere fe. Y me esta tomando más tiempo que antes. Pero necesito llegar a ese punto en que estoy convencida y con dolor y lágrimas se lo doy porque entiendo que es valioso, que vale la pena. Que mis sueños valen, que yo valgo como el collar que llevaba hoy puesto que mi madre lo compró sin importar el precio solo por mi, como el poema blanco que me dice que soy atesorable y deseable como un cielo estrellado inalcanzable. Y tal vez estoy escuchando todas las voces incorrectas, esperando que el resto me diga que valen mis sueños, que valgo, cuando ya se me ha dicho, si vales, si eres hermosa,  ya has sido amada.

Espíritu, recuérdame lo que ya aprendí, quiero llegar a amarte.

Aún somos humanos

Hace unos días me di cuenta que los únicos que pueden amar intencionalmente son los humanos. La idea vino del odio humano y mi subconsciente me hizo decir en voz alta: We are still human. Era una forma de decir, todavía podemos amar, todavía nos pertenece la bondad y la amabilidad, todavía podemos amar. Los animales aman y cuidan por instinto pero los humanos podemos hacerlo por decisión propia. Todavía somos humanos, eso es algo que nadie, ninguna fuerza o poder, podrá cambiar. Todavía todas esas características nos pertenecen únicamente a nosotros. Mientras existamos, puede haber amor desinteresado, bondad y amor a propósito. Es genial que todavía podamos escoger.

¿Escribir o no escribir?

Hace tiempo que quiero escribir un blog (Si un blog) solo para cristianos. Primero es mucho más fácil hablar entre cristianos que entienden lo que quieres decir y también hay cosas valiosas que son importantes hablarlas, compartirlas y discutirlas. Y leo muy poco en la web sobre ellas. No sé ustedes pero siento que hay un montón de cosas que nos alejan de Dios y de sus verdades. Yo creo por eso hablo. Creo que es mucho tiempo ya mi silencio y estoy harta de eso. No voy a dejar que los pensamientos o creencias que arruinan muchas veces a jóvenes que conozco, a chicas que amo, o a hombres que admiro, se den si discutirlas. Hay un montón de cosas que pasan en mi vida por las cuales Dios me habla y se siente mal quedármelas para mi sola. Es como descubrir una ciudad de caramelo en mi patio y no invitar a los amigos. Me parece un desperdicio a veces. Quiero que sepan que soy una joven más con un montón de batallas también, que estamos juntos en esta vida caótica a veces y muy calmada en otras.

Hablare de mí, de lo que Dios me dice, de lo que veo, lo que he vivido y lo que me han dicho. Así que estaré un poco expuesta aquí, pero no me importa. Hace tiempo que le tengo miedo, pero hoy se que es Dios quien me lo pide. No puedo seguir negándolo.

Así que me gustaría comenzar por este miedo increíble por escribir, para cristianos exactamente. Para mí se forma un enfrentamiento entre las “palabras” y “quien eres”. El crecer en la Iglesia hizo que desde mi niñez los versículos entren en mi subconsciente y crezca con ellos dirigiendo mis acciones. Uno de los más fuertes fue Juan 6:45 dice: «Porque de la abundancia del corazón habla su boca» (no sabía la cita, la acabo de googlear, pero las palabras las sé de memoria). Cuando lo reflexione supe que mis palabras me describían, reflejaban lo más intimo de mi ser, mi corazón, mi verdadero yo. Supe que cuando criticaba a alguien estaba diciendo más de mi misma que de aquella persona. Así que las palabras tomaron una importancia increíble y trate de cuidarlas muy bien. (Claro que no fue perfecto, se me ocurren algunos nombres a quienes mis palabras hirieron mucho). Sin embargo, la impresión general que llegue a dar era: ella es inocente, cristiana, da buenos concejos, ella es buena.

Tanto me lo repitieron que llegue a tener miedo a fallar. Y he ahí el miedo a las palabras. Sabía que no podía llegar a tener un corazón 100% puro y tenía miedo que la gente que tanto me admiraba se diera cuenta de ello mediante las palabra que decía. No quería contradecirme en ningún discurso, ya sea lingüístico o actual. Quería ser lo mejor para la gloria de Dios, pero creo que perdí la verdadera razón en algún punto.

Pronto me di cuenta que no podía mantenerme por mucho tiempo así. Que fallaría, que soy humana, que sentiría, que dejaría salir a mi corazón malo y egoísta en algún momento y que si me lo guardaba terminaría alejando a todos, sola, sin impactar a nadie, sin mostrar a nadie de Jesús. Hace tiempos escribí con mayúsculas en uno de mis cuadernos: “TRANSPARENCIA” y eso era exactamente lo que quería que la gente viera. No a una chica perfecta sino a una chica de carne y hueso con millón errores y malos pensamientos e impulsos pero con una fe inmensa y un Dios mucho más grande que ella de gracia, bondad y sobre todo AMOR. No es sobre mí, es sobre Dios en mí. No tengo nada de que gloriarme y ahora sé que todo lo que soy es por Él.

Así que voy a escribir para ustedes, que son mis hermanos, que la Biblia dice son parte del mismo cuerpo que yo; voy a escribir muriéndome de miedo de hablar cosas huecas o erróneas, con miedo a releerme después de años y decirme “que bestia, tantas tonterías que escribí”, pero aun así quiero hacerlo, no puedo esperar más. Uno de mis consuelos es que muchos grandes escritores cristianos han confesado su inmadurez en alguna obra o en alguna predica. Creo que nadie está exento de eso sino que cada uno aprende.

Si estás leyendo esto quiere decir que eres cristiano, que eres nacido de nuevo, que tienes eternidad, que eres un hijo de Dios y Su guerrero. Quiere decir que eres mi familia, mi hermano, que eres mi apoyo, significa que somos parte del mismo cuerpo, que no hay quien caiga de nosotros que no nos afecte a todos. Quiere decir que eres perdonado, que eres levantado, que eres victorioso y amado igual que yo. Eres limpio en la sangre de Cristo. Si te llamas cristiano, conoces la Biblia, del Espíritu Santo, y estás en camino a ser trasformado en Jesús. Valoras la cruz, tienes esperanza en la muerte y sabes que tienes un creador que te hizo con un propósito. Pero también significa que sabes que es la tentación y el fracaso y la batalla. Sabes que no es fácil, sabes lo fácil que es dejar de “hacerlo bien” y es por eso que confió en ti. Creo que Dios está trabajando en tu vida a su propio ritmo porque conoce tu corazón y  que Jesús está revelando pedazos de su corazón constantemente a ti. Temo a las palabras porque revelan nuestro corazón, el silencio es más seguro. Pero el amor requiere ser expuesto, ¿Por qué le tenemos tanto miedo a ser expuestos? La Biblia dice que Él cubrió nuestra vergüenza, nuestra desnudez con su sangre. Escribo para que veas que soy igual que tú, con las mismas batallas, tentaciones, desánimos, pero con el mismo Dios Todopoderoso, con los mismo milagros, y la misma eternidad. Es un viaje que quiero empezar a compartirlo con ustedes desde aquí.

Sé que se verán tentados a juzgar, y también me muero de miedo de eso, pero sé que Dios responde por mí. Que él me ha limpiado de todo y que lo que haga, diga o lo tenga en mi corazón es el terreno que Dios está trabajando en mí. Él es quien prometió terminar la obra. No yo. Y creo lo mismo para ti. El comienza una obra y no la abandona hasta terminarla. Mi trabajo no es juzgarte sino ayudarte a levantarte cuando sea que me necesites. ¿No les da gozo estar en sus brazos y ser juzgada por Él antes que por los hombres?

Ahora, espero instarte al dialogo, a inspirarnos mutuamente a ser luz para el mundo. (Si ven por qué es SOLO para cristianos? Porque es dice que para el mundo “es locura el evangelio” pero somos nosotros quienes lo vamos a presentar al resto y nos necesitamos para levantarnos, apoyarnos, edificarnos, amarnos. Asi que espero que aquí se formen cadenas de oración, de ánimo, o simplemente digamos “yo entiendo” o “no soy el único pensando eso” y mucho más. Si tengo un motivo para escribir son los jóvenes, los cristianos, que tenemos mucho que decir porque mucho se nos ha dado.

Gracias por estar aquí. Vamos a ver que se viene y como es esto de escribir para cristianos.

Miss en casa y yo extraño mi espacio, ¿o no?

 

Mi familia llegó de visita la anterior semana. La casa se llenó de gente como suele hacerlo si 4 personas más llegan con maletas. La mesa parecía contener una multitud al contrario de los dos comensales callados que son mis abuelos. El baño, el único baño de la casa, se quedó sin espacios libres por tantas cosas diferentes que no sabría por donde comenzar. En especial si tienen en cuenta que éramos cuatro mujeres. Una de ellas participaba en Miss Ecuador, así que los vestidos de diseñador, los zapatos, maquillajes, pestañas postizas, y mil accesorios dieron un toque a esta visita que ninguna otra había tenido antes.

De repente, mi horario estaba cargado con el de ellos. Mis padres habían venido por las citas con diferentes compañías para el apoyo de María José en su candidatura a Miss Ecuador. Entre entrevista, diseñadores, cafés y visitas familiares, mi vida se vio interrumpida. Recuerdo haber planeado terminar un montón de trabajo para un evento que me esperaba en casa, cuando mi mami se desvió y parqueó en una calle desconocida. “María José está dentro de esa casa blanca de allí.” dijo apuntando fuera del carro. “Vamos, están midiéndole un vestido, hay que esperarle…” Yo me sentí atrapada. No sabía dónde estaba, ni cuánto demoraríamos, y tenía una ansiedad por tanto trabajo que hacer lejos, lejos de allí.

Fue en ese momento que me di cuenta de cuánto la vida de familia me hacía faltaba. Se me hacia difícil vivir el día a día compartiendo con alguien más, cediendo mi propio tiempo del día, el espacio que tenía. Me dije: “Necesito una familia” antes de que me acostumbre a vivir una vida egoísta. La dificultad que sentía era grande. Quería ser como mis padres. No les importaba si tenían que manejar al otro extremo de la ciudad para “pasar” recogiéndome gustosos por la universidad. Podía contar con que era parte de su sequito a la hora de comer. Que siempre estaba incluida cuando preguntaba ¿qué harán hoy? Siempre era bienvenida a acompañarles. Ningún desvío de su ruta planificada por mi parecía molestarles. Y yo que no podía aguantar 15 minutos para llegar a pegar cartulinas. Me sorprendía lo fácil que se hacía a mis padres en ceder su tiempo, ser felxibles en sus planes y aun con sus horarios por recogerme, llevarme, esperarme, invitarme, llamarme, preguntarme como me fue, y más, por hacerme parte de su vida.

Historias de oficina

Poner a dos chicas juntas en una oficina puede resultar desastroso… desastrosamente grandioso. En especial si la primera chica estaba acostumbrada a trabajar sola. Una compañía le puede caer de anillo al dedo.

Antes de sumarme a la oficina de Pao en el departamento de Diseño (que conmigo vino a ser Diseño y Redacción; la cual ahora con Lucho es Diseño, Redacción y Alabanza-DRM) la había visto trabajar en diferentes eventos de la iglesia. Aunque siempre fue su trabajo, cuando la miraba haciendo los colgantes para el techo, o los moldes de los adornos, sabía que lo hacia para Dios. Recuerdo haber subido una foto a Facebook y decirle “Me hace un calorsito en el corazón cuando te veo trabajar por Él” y así era. Cuando entré a la oficina no tenía idea de lo que podía pasar, ni hasta donde podía llegar nuestra amistad. Realmente ella lo hizo muy fácil. Recuerdo haberme sentido nerviosa en la oficina, menos con ella, de alguna forma me ayudaba.

Pero la relación fue creciendo. A solas en el cubículo empezamos a hablar de las historias que no conocíamos de la otra. Las historias que no habíamos hablado nunca en las salidas, ni en las pijamadas de shots de gelatina (good memories), o los viajecitos a Gualaceo, ni entre la cena de padres e hijas. Esas historias del corazón que son tan nuestras. Creo que ella comenzó y yo le seguí. Sucedió paulatinamente hasta que nos encontramos llorando y consolándonos mutuamente. A veces era sobre alguien, el típico se van del Ecuador y nos… o la familia que estaba lejos… Así nos fuimos conociendo y viendo más allá de lo que siempre habíamos visto de la otra. Yo le decía mis pensamientos radicales cristianos y ella me sorprendía con su “me estoy levantando todas las madrugadas a orar”. Había una Pao que no conocía, una Pao apasionada por Dios, que le buscaba, que lo tenía primero en su corazón. Oh si, que había mucho más y estaba feliz de ir descubriéndolo. Hasta aquí hemos hecho muchos boletines dominicales juntas, hemos sufrido muchas fechas limites, frustraciones, felicitaciones y habladas, pedidas de disculpas y diseños, llamadas, juntas, cafecitos, lunchs, frutas, cortes de internet, estrés, lunes, notas, polvos y ruidos juntas. Y siento que todavía estamos en una fase inicial.

Su vida, se ha vuelto especial para mi. A pesar de verla todos los días es una de las personas por las que oro constantemente. Sé cómo esta en su día a día y en su semana y los problemas que la hacen llorar. Todo ha sido magnificado por un lente de amistad que me hace sensible a su vida. Y nos empezamos a cuidar mutuamente. Muchas veces a sido tan reconfortante escuchar sus afirmaciones de amiga unos poquitos años mayor a ti en cuanto a lo que me pasa y decirme “es normal”, o “puede ser peor”. Orar a veces en medio de las cuatro maderas ha sido uno de los momentos más presentes con Dios que he tenido. Ahora nuestras vidas nos preocupan mutuamente. Es más o menos como que un amor de hermanas está creciendo entre nosotras, aunque tengamos amigas más íntimas o de más años, hay algo especial aquí.

Pao ahora es una amiga que se preocupa por mi corazón y lo cuida. Me conoce y deja de hacer cosas que podrían llegar a lastimarme aunque sean solo bromas entre las dos. Cuando me dijo que ya no usaría una broma que se convirtió en su favorita últimamente (y aparentemente no me afectaba) me conmovió saber que lo hacía para que mi corazón no se lastimará a la larga. No creo que le he dicho lo muy agradecida que estoy por prever por mi y mi corazón en especial. Se que puedo contar con ella, que en el fondo es buena como yo con pintas de maldad “porque nadie lo puede evitar”. Creo que a veces Dios la usa porque está ahí, cerca de mi (y lo mismo pasa con Vivi) pero creo que no sería lo mismo si no fueran ellas. Han sido fuente de bendición, de ayuda, de fe, de reafirmación, de ánimo, de prevención, de oración y de risa. Solo porque están ahí, porque Dios las puso ahí.

Por mucho tiempo temía que los lazos de amistad con las personas sean rompibles, en cierto modo lo son, pero cuando son de Dios, no se rompen nunca, no importa la distancia ni los años, es un amor y una amistad que no cambia. Mis mayores ejemplos son Viviana, amistad que sobrevivió una mudanza de ciudad de 3 años y múltiples y diversas temporadas separadas por sus viajes de soltera. La siguiente fue María José, que a pesar de tener diferencias muy grandes en nuestras personalidades y gustos y riñas diarias, nuestra amistad llegó hasta el fondo de nuestras almas con lo feo y bonito. Aunque ya no vivamos cerca, siento que nunca cambiará la cercanía que tenemos. No lo ha hecho hasta ahora y sé que no lo hará, porque hemos atravesado grandes obstáculos juntas. Dios siempre encuentra la manera de unirnos, ya sea por el pasado arraigante o por un futuro prometedor. Porque a tus amigas no las puedes comparar con nada.

 

Grave constante

Después de una semana de fiestas de la facultad, el profesor de cine comenzó la primera clase con una pregunta:

« ¿Qué es un grave constante?»

“Otra vez con sus analogías musicales”, me dije con fastidio. «Galo, no somos músicos» le dije en tono de reclamo.

«Erika, deben saber de todo un poco» me respondió y volvió a preguntarlo a toda la clase. Aún así, nadie respondió. «Un grave constante», continuó el profesor con buen ánimo, «es una nota que se repite a lo largo de toda una composición musical. Todos necesitamos un grave constante. Todos»  Y continuó con el tema de narratología en el cine sin volver a mencionar a la música.

A pesar de mi indisposición a aquel comentario, no lo pude olvidar. ¿Cuál era el grave constante de mi vida? Qué tal si se le ocurre preguntármelo en frente de todos, ¿qué respondería? Si hubiera estado mi familia presente no hubiera titubeado porque la respuesta hubiera sido obvia. La respuesta correcta era, debía ser, Dios. ¿Qué más constante en la vida de una persona que no sea Dios? Muy fácil responder y dar con la palabra del millón. Lo sabía muy bien, ni siquiera tenía que pensarlo, pero lo hice.

¿Es Dios mi grave constante realmente? ¿Toco aquel tono con frecuencia con mi vida? Hay una diferencia en lo que “debería ser” y lo “que es”‘. Así que sé muy bien que Dios debe ser mi grave constante, pero si tuviera que responder honestamente a la pregunta: “¿Es Dios tu grave constante?” en este momento tendría que decir: “no”. Y bajaría la cabeza en extrema vergüenza. (‘”Si pudiéramos ver nuestros corazones directamente los unos de los otros, nos asustaríamos” dijo alguien).

En este momento, mi grave constante significa: ¿a dónde vas para ser saciado? ¿Es Dios tu prioridad para sentir amor? ¿Es Dios tu prioridad para relajarte, es Él donde buscas paz? ¿Dejas que Él te diga que vales mucho? ¿Es Dios el primero al que buscas agradar? Todas mis respuestas son: “no”. (Estoy siendo MUY honesta aquí, así que por favor, se amable con tu juicio).

¿Cómo fue que quité a Dios de ese lugar? ¿Cómo es que dejó de importarme? ¿En qué momento me distraje? Y, ¿por qué todas estas otras cosas son tan deliciosas? Es que todas  son cautivantes. Todas las cosas que remplazan a Dios pueden ser dulces y satisfactorias momentáneamente si olvidas como es ser estar lleno de Dios. Ahora entiendo porque es necesario leer la Biblia, congregarse, alabar, y orar. Si digo que no tengo una religión sino que tengo una relación con Dios, debería hablar, verme con esa otra persona. De lo contrario, sería tener una relación igual a la que tengo con mis compañeros de la escuela, a quienes no veo, no sé como están, ni quienes son realmente. No tengo ningún vinculo de mi vida con las de ellos. Ese no es el tipo de relación que quiero con mi Dios, quien es lo mejor que me ha pasado en la vida. Así que me recuerdo Marcos 12:30: “con todo el corazón”. TODO se queda sonando en mi mente. A traerlo de vuelta enterito, ¿acaso no vale la pena?

A Singing Voice, a Hope (Rachel Guido)

For me it was easy to get to know God. I learned about him since I was a young; actually, that was the time I learned the most about Him. I learned through the Bible to believe in his miracles and His workings; I learned to raise prayers to Him, believing He would answer.  And I learned to worship Him. In every one of these actions I learned a little bit more of God, so when I turned a teenager, He wasn’t a stranger.  I knew him pretty well.  So when I was asked if I wanted to trust my life to Him it wasn’t hard. I knew Him enough as to say yes.  And since then a new world came to me.  In an instant I found true happiness, so easy, so simple.  There is no complexity; He is with me.

Since then my desire to make others experience it too has been craving inside of me. I’ve been searching for a way.  People had told me to have others do the same thing God did with me, that is to let Him come into their lives. But they can’t! They can’t turn back in time and be kids again and learn as a child learns like I did. No, for them it is harder, they’ve been raised totally separated from that knowledge. They won’t understand; there will be more things to tumble-down first, so many misconceptions, so many lies dressed like truths, harder molds to break.  I complained to God one night in my prayer in the worship time: “God! Why they didn’t know you when they were young? Wasn’t anybody around them to talk them about You? Why didn’t You let them know You then? It would be so much easy”

So thinking in it through one night in middle of worship time I felt downhearted. There are so many kids in the world that will grow old without hearing about the real God, so many kids without experiencing it in their lives. They will be sad grownups searching for happiness, who’ll find it too hard to understand, to get it. So much harder than for a kid! What was there to do? It looked hopeless.

Suddenly, by my side, while I still had my eyes closed focus in my prayer, a little voice raised with the others in the group. It sang songs to Him with passion, with humbleness. There was this serious look in her eyes, so uncommon for a kid. She knew to whom they were addressed; she knew what she was doing. “She knows You” I whispered full of excitement. Full of joy.  I tilted my head to see her. Her voice, still sounding softly along with the melody made my heart jump. And I saw a little piece of me there. She could be a little me. She WAS a little me. She would know Him since her young years and when the time to decide to trust her life to Him comes she will say yes, because she’ll know who He is and what he has done for her and how much He had loved her. There was hope for her! I smiled until the tears blurred the blond hair and the little red nose.

Her name is Diana, she is 10 years old. The question is: why is she here? How did she get here? Well, somebody took her in, somebody brought her, and somebody loved her enough. And I knew who that person was. My friend, my best friend, Rachel, who was standing in black boots and surrounded with three other kids, next to the little girl was that person.  She seemed not to be conscious in that moment of how she was changing their lives. She had no idea how much meaning her reality held and not a clue of my burden, of my inner fight, of my prayer. But there she was standing with them, holding them, raising them, teaching them something that no one else out there will do, sharing time and a love no one will give them and giving them something more worthy that the kids could imagine. My heart couldn’t hold so much joy and thankfulness. My joy spilled, my heart ached. I could only raise prayers for her and the kids. “Blessing, many blessings!” I prayed.

Still there are many, many kids in the world spread in every direction, even though I do my little bit of work. Sometimes I just feel overwhelmed by this fact; but then, I see Rach and the kids laughing with her; and when she stares back at me, I can see her just like the man on the beach with all the starfish around him and she seems to tell me: “you see this one? Well, there is hope for this one; she’ll live!” and she goes back to them knowing that it is all worthy.

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Rachel Guido, 19 years old, lives like volunteer along with Paola Hermoza in la Casa Hogar “La Esperanza”. The orphanage keeps 20 kids from 3 to 15 years old in the Latin city of Cuenca- Ecuador. The house has been working since 2008 with the help of the Verbo Christian Church. The kids have more than a place to live and people who love them, they’re getting to know God, their lives are being changed, and they have more than hope…they have an ensured eternal life.

Rachel and kids from La Esperanza
Rachel and kids from La Esperanza